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Roberto Bolaño: consejos sobre el arte de escribir cuentos

 Luz Espinosa

 

Apasionado lector, devorador de cine y de programas de televisión -siempre mejor la tele que un best seller, solía decir-  y cultivador de un cierto talante rebelde, Roberto Bolaño corre el albur de convertirse en mito pop, al menos eso es lo que dice sobre él Juan Villoro. Y es que la muerte temprana del chileno y el éxito que logró con Los detectives salvajes lo convirtieron en un fenómeno literario generador de duras críticas, no sólo hacia él sino de él hacia los demás, sobre todo a los pertenecientes al Boom Latinoamericano.

 

Roberto Bolaño se convirtió en una mina de oro susceptible de ser explotada. Porque si el éxito no pudo cambiar a Bolaño, ha cambiado al menos el mundo que rodeó al escritor, nacido el 28 de abril de 1953 en Santiago de Chile, y afincado en España a partir de 1977.

Sobre sus años en México, donde la familia se trasladó desde Chile, cuando él apenas tenía 15 años, creó de su persona casi una leyenda. Los elementos más vívidos de aquella etapa quedaron atrapados en Los detectives salvajes, una novela por la que deambula el autor, convertido en Arturo Belano, y su amigo Mario Santiago, transmutado en Ulises Lima.

 

Bolaño reconoció siempre una deuda profunda con México, donde sintió la llamada de la escritura, y se hizo poeta. De la escritura decía que era  un oficio poblado de canallas y de tontos, que no se dan cuenta de lo efímero que es, pero, contradiciéndose un poco,  demostró que no hay mejor doctrina que la literatura y todo aquello que se dice entre líneas.

Nos dio las claves para diferenciar a los tipos de poetas, además de su crítica literaria, posiciones políticas y la descripción de una auténtica vida bohemia. Roberto Bolaño, el chileno que escribió una de las mejores novelas mexicanas de todos los tiempos, encontró en las letras la manera de liberarse de un mundo sumido en la represión. El infrarrealista abandonó la escuela a los 16 años, ya cuando vivía en la ciudad de México, pero a pesar de ser un escritor autodidacta, escribió algunas de las mejores historias; encontró en la palabra escrita la herramienta perfecta para demostrar todo su potencial.

En más de una entrevista Bolaño recomendaba a sus lectores jóvenes que robaran los libros, así, sin más. Pero además de esta recomendación, a los 44 años, como sabiendo el terreno al que se acercaba, decidió, también,  dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos, que no es una tarea fácil, sino cosa de valientes:

1. Nunca abordes los cuentos de uno en uno. Honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.

2. Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.

3. Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.

4. Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.

5. Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.

6. Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.

7. Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel.  Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!

8. Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de él a Borges.

9. La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.

10. Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.

11. Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.

12. Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.