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POÉTICA DE LA FRUSTRACIÓN

 
Alfredo Elejalde Flores

 

El poeta es un fingidor. Finge tan completamente que llega a fingir que es dolor el dolor que de veras siente (Fernando Pessoa)

 

¿Qué es ser poeta? ¿Qué es un poema? Menudas preguntas que responde con creces el autor de este artículo que, entre muchas otras cosas, dice: "El poeta planifica la construcción del poema tal como un arquitecto prevé el edificio que aún no construye: prevé zonas de descanso, ventilación, escaleras, pasadizos, alturas, anchos, dimensiones, grosores, colores."

 

Hay muchas concepciones sobre lo que la poesía es. Para mí, es un intento constantemente frustrado de decir algo; es ese quedarse con un no sé qué que balbuceado quema la punta de la lengua sin poder ser dicho. El poema no es más que el testimonio de ese fracaso.

No quiero decir con esto que el poeta sea un ser humano fracasado y deprimido que arrastra su dolor de la misma manera que el que fracasa en el mundo laboral jala su sufrimiento. No tiene que ver tanto con el sentimiento del poeta como con el proyecto poético de un escritor. El que escribe una vez lo hace por muchas razones: por amor, por diversión, por indignación, por aburrimiento. Si estoy enamorado y escribo un extraordinario poema de amor, en buena hora, aunque dudo de que ese afortunado acto sea suficiente para propiamente ser llamado poeta. En cambio, el que deliberadamente opta por dedicar su vida a la escritura persigue otra meta. Es alguien que aprende a transmutar sus sentimientos y emociones en materia prima al servicio de la construcción poética. Y su razón.

Que el ansia de emprender una construcción verbal se origine en los conflictos psíquicos del hombre que así se libera momentáneamente de ellos, me parece razonable. Pero no es sólo eso. Mientras más oficio adquiere un escritor, más consciente es de las limitaciones del lenguaje. Más reflexiona sobre la materia verbal con la que trabaja. (...)

El poema es pues una trampa que quiere hacer del lector lo que quiere, aunque no siempre lo logra. Así, si enamorado escribo un poema de amor y se lo doy a la amada, y ella se emociona, y en ese instante le digo que la quiero, y ella acepta, entonces el poema es efectivo en tanto cumple su propósito: el amor de ella. Pero si la intención de mi escritura no es sólo dar rienda suelta a mis sentimientos, sino que hay un proyecto poético atrás que ordena toda esta actividad, entonces durante la escritura procuraré voluntariamente que el poema en gestación se adecue a ese proyecto, y entonces no será sólo un poema de amor, sino que deberá ser entendido como parte de un proceso que trasciende la circunstancia amorosa.

En cierto sentido, dedicarse a la poesía es como dedicarse a la meditación, a la introspección, al descubrimiento de los conflictos internos más íntimos y a la transmutación de lo que así se conoce, en poesía. Y es además una consciencia plena del lenguaje, de que la poesía es trabajo que se ejerce sobre las palabras y, por tanto, es conocimiento de las estructuras de la lengua o investigación de hasta dónde puede llegarse con el verbo.    Creo que cuando un escritor descubre cabalmente que la poesía no es sólo el sentimiento involucrado en la escritura del poema, sino que también es la materia con la que trabaja, entonces se acerca al grado mayor del oficio, puede dejar de ser un aprendiz y pasar a ser maestro.

No se nace poeta. Ser poeta es persistir en el empeño expresivo. Ser buen poeta pasa por descubrir la dimensión material de la lengua, pasa por el ejercicio de la disciplina de la transmutación de los conflictos internos y por el rigor puesto en la construcción verbal, es decir, por hacerse consciente de la disciplina personal y del lenguaje, y plantearse implícita o explícitamente un proyecto poético. Es claro que un autor de pésimos poemas puede ser mejor poeta que un autor de buenos poemas, pues en lo que hasta ahora hemos dicho nada hay que nos lleve al conocimiento de lo que es un buen poema y si alguna medida puedo aceptar para evaluar la bondad de un poema, ésta no puede ser más que su adecuación al proyecto poético que le da sentido.

 

"El poeta vive en poesía, piensa y siente amor,

cuando escribe de amor, y el poema debe

hacer que el lector piense y sienta

amor mientras lee el poema."

 

El proyecto poético, decíamos líneas arriba, consta de por lo menos dos aspectos: una disciplina personal y una concepción del lenguaje. Esa disciplina no es la supresión de los conflictos sino su transformación. Es lo que, por ejemplo, permite al poeta tomar su descontento frente al mundo para plantear temas sociales, o su actitud frente a la muerte para escribir su rechazo o su aceptación, o la decepción amorosa para transmutarla en lírica, o un momento de felicidad para tornarlo himno a la alegría. Casi podría decir que el poeta no escoge sus temas sino que éstos se le imponen en virtud de esa dinámica en la que se ve envuelto. Pero los temas, en realidad, hasta cierto punto, son pocos y secundarios: los poemas suelen ser variaciones alrededor de unos cinco o seis temas universales: toda la poesía lírica podría reducirse a un simple te amo y toda la poesía revolucionaria a un acabemos con la injusticia. Por eso lo importante no es el qué, sino el cómo. De la misma manera que no es conveniente declarar amores mientras se hurguetea la nariz, no es conveniente, para el poeta, decir simplemente te amo. Si la poesía está en la creación y en la lectura, entonces el poeta vive en poesía, piensa y siente amor, cuando escribe de amor, y el poema debe hacer que el lector piense y sienta amor mientras lee el poema. Y el escritor lo sabe, así que planifica el poema. Ojo, planifica la construcción del poema tal como un arquitecto prevé el edificio que aún no construye: prevé zonas de descanso, ventilación, escaleras, pasadizos, alturas, anchos, dimensiones, grosores, colores. El arquitecto como el poeta imagina la actividad humana en el edificio para así diseñarlo.

El poeta, sin embargo, no trabaja con ladrillos y paredes, sino con sonidos, grafías, diagramaciones, morfologías, construcciones sintácticas, estructuras narrativas, alusiones. El poeta es como el director de una orquesta que con la batuta en la mano dirige grupos de instrumentos: los instrumentos sintácticos a su derecha, los morfológicos al frente, los sonoros a la izquierda, un poco más atrás están las grafías y la diagramación. Todos juntos suenan en la lectura y crean un sentido que no es sólo palabra, sino también sensación, emoción. El paralelo con la música no es gratuito: la poesía está a caballo entre el mundo racional de la palabra portadora de pensamientos y el sensorial mundo de los sonidos musicales.

De todos los usos del lenguaje, es el que está más cerca de la irracionalidad no porque las metáforas sean muchas veces ilógicas o difíciles, sino porque la poesía es música, es sonido con ritmo y medida, fraseos y codas. La irracionalidad viene también de la visualidad del poema escrito. El poema escrito es un dibujo sobre el papel percibido en su totalidad al mismo tiempo, a diferencia de las palabras que lo componen que son leídas una tras otra. Así pues, un proyecto poético es un proyecto de trabajo sobre la materia verbal. Es una opción de vida decidida a expresarse en la materia lingüística.

 

"A diferencia de la fugaz temporalidad

de los toros, el poeta deja en el poema

una huella petrificada de su acto"

 

La aceptación social de esta actividad tampoco es importante para la poesía. Una vez discutí con un amigo aficionado si la esencia de los toros era la fiesta o la lidia. El sostenía la primera opción, basada en la empatía que se establece entre el toro, el torero y los tendidos, en una posición parecida a la de aquéllos que toman la teoría del proceso comunicativo y dicen que el poema está enmarcado por emisor, receptor, código, canal, contexto y mensaje. Por el contrario, yo centré mi argumentación en la posibilidad de que un torero en su hacienda tomara un toro e hiciera una lidia en la soledad de una noche rural, sin público, y que esa lidia fuera la mejor jamás hecha sobre la tierra. La ausencia de testigos no puede borrar la perfección del encuentro del torero con la muerte del mismo modo que la ausencia de lectores no tiene importancia frente a la experiencia estética del que escribe. A diferencia de la fugaz temporalidad de los toros, el poeta deja en el poema una huella petrificada de su acto. Lo importante es que, a fin de cuentas, la poesía es una actividad solitaria de individuos que viven en sociedades gregarias. (...)

Creo que la esencia de la literatura es una técnica. Si la poesía es una pregunta sin respuesta, si es un continuo interrogar, entonces lo suyo será la técnica de la pregunta, la técnica de explorar todas las interpretaciones posibles de un mundo siempre inacabado. Aún cuando un poema afirme, si es parte de la realización de un proyecto poético, no hace más que preguntar.