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 Grandes escritores que usaban drogas para concebir sus creaciones

Juan Pablo Orellana

 

"Odio abogar por drogas, alcohol, violencia o locura a alguien, pero siempre me han servido a mi" —Hunter S. Thompson, probablemente mientras estaba drogado.

 

Me acerco a la mesa de bocadillos, dulces secos cubiertos de manos que los despedazan. Hombres corpulentos a los que conozco como familia riendo a gritos mientras meten uno de esos pasteles cocidos en sus bocas, derraman salsa sobre la marca de agua que han dejado con sus vasos.

Tomo inadvertidamente una botella de ron barato y la sirvo hasta la mitad, combinándola rápidamente con Coca-Cola Sin Calorías la bebo en pequeños sorbos alrededor de las siguientes horas. Cinco, cuatro, tres dos, uno.

Feliz año a todos, estoy borracho. Me acerco sin que nadie me vea a la computadora y empiezo a escribir una novela.

Adiós resoluciones de Año Nuevo.

Cuando revisé los escritos los borré inmediatamente y no volví a hablar de ello, eran una crónica sobre quien quiera que estaba usando el baño en aquel momento —una muy detallada—. Aprendí mi lección y dejé de sentirme un Charles Bukowski de nuestros tiempos.

Pero algunos escritores están en contra, y disfrutan probando todas las sustancias ilícitas que sus pequeños cuerpos de escritor pueden aguantar. Así que creo que es momento de liberar el Hunter S. Thompson que llevo dentro para contarles —quizás pruebe un poco de chocolate o café para escribir este artículo— sobre aquellos autores que usaban las drogas para desencadenar sus procesos creativos:

 

Charles Baudelaire (Hachís)

—¿Adivina qué hora es? 4 y 20 bro.

Siendo miembro estelar del Club des Hachicins o Club de Hachís, una versión de fraternidad universitaria del siglo XIX donde los hombres más notables de la época se reunían para explorar los efectos de las drogas. Entre ellos se encontraban miembros destacados como Alexander Dumas —escritor de Los Tres Mosqueteros— y Honoré de Balzac —autor de Eugenia Grandet—.

Como especificaría su nombre ya podemos identificar su droga favorita, la cual según decía:

Entre las drogas más eficientes para crear lo que yo llamo el ideal artificial... los más convenientes y los más prácticos son el hachís y el opio".

¿Cómo lo hubiera contado?

Por el viejo club, donde, el humo de nuestras pipas
Oculta entre la bruma a varios grandes autores
Cuando los bellos sentimientos empiezan a emerger
De mi boca, nariz, cuerpo y alma
Quisiera escribir sobre tan asombrosos chistes
Que Alexander Dumas aparentemente nunca dijo.

 

Robert Louis Stevenson (cocaína)

—Podría correr un maratón, participar en una pelea de cuchillos y escribir mi obra maestra en cinco minutos.

Algunos conocen la historia de El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, inspiró de una forma u otra todas las transmutaciones que se verían en la ficción y prácticamente el concepto entero del personaje de Hulk, pero lo interesante es que esta obra puede superar fácilmente su cualidad de ficticia.

Existían dos personajes: El señor Robert y el escritor Stevenson, el primero era casado y muy ortodoxo, el segundo era ese buen amigo que a mitad de la fiesta sacaría una pequeña bolsa y te pediría tus llaves por un minuto.

Para escribir su obra maestra tardó únicamente seis días, y según su esposa Fanny:

Que un inválido en la condición de salud de mi marido debería haber sido capaz de realizar solo el trabajo manual de poner 60.000 palabras en papel en seis días, parece casi increíble".

¿Cómo lo hubiera contado?

—Tenemos hábitos comunes —dijo el Sr. Robert. —¿Hábitos comunes? —repitió el escritor Stevenson con cierta paranoia y las pupilas dilatadas— ¿De qué habla?
— La escritura, por ejemplo —dijo el señor.
Estalló entonces el otro en una carcajada salvaje y un segundo después, con extraordinaria rapidez, había escrito una novela y salido de la casa.

 

Aldous Huxley (mescalina)

—Estoy volando sobre mi pueblo natal en este momento, no me había percatado que los árboles eran azules en primavera.

El asombroso escritor de la novela Un Mundo Feliz tuvo una famosa fase con alucinógenos en los años 50s, donde escribió Las Puertas de la Percepción mientras estaba experimentando con la mescalina —una droga originaria del desierto mexicano que se obtiene del cactus—.

Parecida a la fase de LCD de los Beatles, Huxley escribió exactamente cómo se sentía en cada minuto experimentado, y terminó escribiendo el libro que inspiraría el nombre de la banda The Doors basándose en una sola frase de William Blake:

Si las puertas de la percepción se purificaran todo se le aparecería al hombre como es, infinito".

¿Cómo lo hubiera contado?

Ya lo hizo así que leamos sus propias palabras:

Desde la puerta me dirigí a una especie de pérgola cubierta en parte por un rosal trepador y en parte por listones de una pulgada de ancho, con media pulgada de espacio entre ellos. Brillaba el sol y las sombras de los listones formaban un dibujo de cebra en el piso y en el asiento y el respaldo de la silla de jardín que se hallaba al fondo de la pérgola. Esta silla... ¿La olvidaré alguna vez?

 

William Burroughs (heroína)

—Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia... Yo elegí no elegir la vida: elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?

Una de las figuras centrales del movimiento literario Beat, básicamente un grupo de escritores que experimentaron las drogas y el libertinaje sexual —al parecer ambas prácticas beneficiosas hasta un punto—, su adicción fue uno de los primeros planos americanos que se realizaron sobre este asunto.

Escribiendo El almuerzo desnudo y Yonqui, el autor representó la "capacidad creadora de la droga" en su máxima expresión, e incluso cuando dijo haber salido ileso de sus consumos se referiría a ella como:

Desperté de la enfermedad a los cuarenta y cinco años, sereno, cuerdo y en bastante buen estado de salud, a no ser por un hígado algo resentido y ese aspecto de llevar la carne de prestado que tienen todos los que sobreviven a la enfermedad...

¿Cómo lo hubiera contado?

El pelo gris bien moldeado recae sobre los lentes de pasta de Presentador mientras gotas de sudor atacaban incoloramente la espera por la espera de la confesión de opio. Un sabiondo escritor entraba trazando circulares figuras con los ojos sobre las preguntas de la enfermedad.
—¿De verdad ha salido sin daño alguno?
—Algo de paranoias de la coca —dijo rascándose el tabique— pero estoy presente ¿o no?

 

Hunter S. Thompson (absolutamente todo)

—¿Qué diablos estás viendo? Maldi@# virgen en el mundo de las drogas y todo lo demás.

Destacado por inventar el "periodismo Gonzo", crónicas subjetivas donde el centro es la experiencia del narrador y no el evento en sí, la razón por la que ofendía a más personas de las que podamos mencionar en este artículo es quizás la enorme cantidad de drogas que consumía —más de lo que podemos mencionar en el artículo—.

En su libro Miedo y asco en Las Vegas nos habla sobre un famoso maletín  que contenía algunas sustancias dañinas, más específicamente:

Dos bolsas de hierba, 75 gránulos de mescalina, cinco hojas de ácido blotter de alta potencia, un salero medio lleno de cocaína, y toda una galaxia de partes superiores multicolores, downers, screamers, risas".

¿Cómo lo hubiera contado?

Un mundo de letras mal pensadas y artículos espontáneos son aplastados por las enormes letras blancas que gritan al mundo ¡Somos Hipertextual! Tan sólo de verlas me da ganas de vomitar, termino un pequeño porro que se encontraba a medias y entro en uno de los artículos.

No puedo salir de las manos de un supuesto escritor que trata de emularme, esnifo medio salero extra antes de volver al primer lugar de la lista. Ahora quiere emularme en verdad, y observando al imbécil al otro lado de la pantalla apunto mi dedo medio directamente a su cara.