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 Escribir un diario

Silvia Adela Kohan

 

Un diario es una forma desordenada de la autobiografía en el que se escribe sin limitaciones ni imposiciones. Te lo plantees o no, cuentas tu vida. Puesto que se escribe en el momento presente es más cercano a lo real que a la ficción, aunque puede ser un buen material previo para la autoficción. La experiencia de releerlo es siempre perturbadora: ayuda a establecer una distinción entre aquello que uno ha vivido y lo que recuerda que ha vivido.

 

 

Son muchos los escritores que escribieron un diario durante su vida y que están convencidos de que tuvo una positiva influencia sobre su producción.

 

Anaïs Nin dijo: “Fue mientras escribía un diario que descubrí cómo capturar los momentos de vida. Llevar un diario durante toda mi vida me ayudó a descubrir algunos elementos básicos esenciales para la vitalidad de la escritura.

 

Cuando hablo de la relación entre mi diario y la escritura no pretendo generalizar sobre el valor de escribir un diario, ni aconsejar a nadie a hacerlo, sino simplemente extraer de este hábito ciertos descubrimientos que pueden ser fácilmente incorporados a otros tipos de escritura.

 

De ellos, el más importante es la naturalidad y espontaneidad. Estos elementos surgieron, he observado, desde mi libertad de selección: en el diario sólo escribía sobre lo que me interesaba realmente, lo que sentía con más fuerza en ese momento, y este fervor, este entusiasmo produjo una viveza que a menudo se marchitó en mi trabajo formal. La improvisación, la libre asociación, la obediencia al estado de ánimo, la impulsividad, las innumerables imágenes, retratos, descripciones, bocetos impresionistas, experimentos sinfónicas, a los que podía acudir en cualquier momento a por material”.

 

Virginia Woolf utilizaba un cuaderno diferente cada año, 27 tomos. Gracias a ellos, dice que encontraba “diamantes en bruto”: “Me doy cuenta, sin embargo, de que lo escrito en este diario no cuenta como escritura, ya que acabo de releer el diario del pasado año y estoy muy impresionada por el galope desordenado y rápido del texto, que a veces, de hecho, da sacudidas casi intolerables sobre los adoquines. Pero si no lo hubiera escrito más rápido que la más rápida máquina de escribir, si me hubiera detenido a pensar, nunca lo habría escrito; y la ventaja del método es que propaga accidentalmente divagaciones que habría excluido de haberme parado, pero que son diamantes en medio del basurero”.

 

André Gidé: “Un diario es útil durante conscientes, intencionales, y dolorosas evoluciones espirituales. Entonces es cuando uno quiere saber dónde está parado… Un diario íntimo es interesante sobre todo cuando se registra el despertar de las ideas; o el despertar de los sentidos en la pubertad; o incluso cuando uno siente que está muriendo”.

 

A Franz Kafka, el diario le ayudaba a reconciliarse consigo mismo: “Una de las ventajas de llevar un diario es que uno se da cuenta con tranquilizadora claridad de los cambios que se sufren constantemente y que de manera general se admiten naturalmente, se creen, se recuerdan, pero que inconscientemente se niegan cuando se ese reconocimiento nos sirve para sentirnos más esperanzados o en paz. En el diario se encuentra la prueba de que en situaciones que hoy parecerían insoportable, uno vivió, miró a su alrededor y anotó observaciones, que su mano derecha se movió entonces como lo hace hoy en día, cuando podemos ser más sabios porque podemos mirar hacia atrás y ver cómo eramos antes, y por esa misma razón hemos de admitir la valentía de nuestro esfuerzo anterior en el que persistimos incluso en completa ignorancia”.

 

Susan Sontag: “Es superficial entender el diario como un simple receptáculo de los pensamientos secretos, privados de alguien- como un confidente que es sordo, mudo y analfabeto. En el diario no sólo me expreso de manera más abierta de lo que podría ante cualquier otra persona; me creo a mí misma. Es un vehículo para mi sentido de la individualidad. Me representa como emocionalmente y espiritualmente independiente. Por lo tanto (por desgracia) no se limita a constatar mi vida real, sino más bien –en muchos casos– ofrece una alternativa a la misma.

 

A menudo hay una contradicción entre el sentido de nuestras acciones hacia una persona y lo que decimos que sentimos hacia esa persona en un diario. Pero esto no quiere decir que lo que hacemos es superficial, y sólo lo que confesamos a nosotros mismos es profundo. Las confesiones, me refiero a las confesiones sinceras por supuesto, pueden ser más superficiales que las acciones. Estoy pensando ahora en lo que he leído hoy (cuando subí a 122 Bd St-G para comprobar su correo.) en el diario de H sobre mí –esa brusca, injusta y poco caritativa evaluación que concluye diciendo que a ella realmente no le gusto, pero que mi pasión por ella es aceptable y oportuna. Dios sabe que duele, y me siento indignada y humillada. Rara vez sabemos lo que otra gente piensa de nosotros (o, más bien, lo que piensan que piensan de nosotros). ¿Me siento culpable por leer lo que no estaba destinado a los ojos? No. Una de las principales funciones (sociales) de un diario es, precisamente, ser leído furtivamente por otras personas, las personas (como los padres o los amantes) sobre los cuales uno ha sido cruelmente honesto sólo en el diario. Leerá H. esto?”.