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El voyeur

 

  

El “método” de Sophie Calle

En  1979, siguió en Venecia a un hombre que acababa de conocer en París. Lo fotografió y tomó nota de cada uno de sus movimientos. Otra vez encontró una agenda y llamó a cada uno de los que figuraban en ella para saber detalles de la vida de su dueño y luego publicó esas descripciones en un periódico de París. Otra vez se ofreció como asistenta en un hotel para poder fotografiar las habitaciones y las pertenencias de los pasajeros. Las obras resultantes fueron "Suite Venetienne","The adress book" y "The hotel" con fotografías, notas y videos. Decía que si un hecho, por doloroso que sea, da lugar a un trabajo de arte, ya tiene sentido. Paul Auster la usó como referencia para uno de los personajes de su novela Leviatán.


Una novela en una frase

Timothy Dexter, que vivió entre 1747-1806, escribió una autobiografía filosófica compuesta por una sola oración, sin el menor atisbo de signos de puntuación. Pero tampoco tiene argumento ni unidad temática. Fue un antecedentede la escritura automática de los surrealistas. En una segunda edición, incluyó al final del libro una página con trece líneas de comas, puntos, signos de interrogación y de interjección y otros para que el lectoradobaseel libro a su gusto.

 

El ajedrez, deporte, ciencia o arte

Para Cervantes, era semejante a la vida; para Turgueniev, necesario como la literatura; para Pushkin, imprescindible; para Goethe, una prueba de inteligencia; Walter Benjamin y Bertolt Brecht disputaban partidas. Produjo novelas y otros textos: La tabla de Flandes, de Arturo Pérez-Reverte, en la que se desanda una partida para desentrañar un mensaje; La defensa, de Vladimir Nabokov, Ludwig Wittgenstein comparó la palabra con la dama en juego; Borges retomó la "lucha cuerpo a cuerpo entre dos laberintos" de André Breton; Lezama Lima se refirió al rey; Lewis Carroll, Raymond Roussel, Rodolfo Walsh, John Healy, Braulio Arenas, Juan José Arreola, Silvina Ocampo e Italo Calvino incluyeron el ajedrez en sus páginas.

 

El prolífico espartano

En 1989, en Lausana, la última mujer de Georges Simenon, Teresa, su ex ama de llaves italiana, se encargó de esparcir en el jardincito de la Avenue des Figuiers sus cenizas, tal como él lo había pedido, entre otras cenizas, las de su hija Marie-Jo. Vivió en en Lieja, París, Francia, Estados Unidos y Suiza. En France-Culture, su hijo John y Bernard Pivot y otros, recordaron su máxima espartana: "Boileau enseñaba que, si llueve, basta escribir que llueve, no que el cielo está llorando"; su maestría para dosificar la intriga, su "liviandad" operativa del inspector Maigret en las "novelas duras", la tensión interna de pasiones contenidas, de impulsos destructivos, de una crueldad que carcome el alma de personajes tortuosos, para los que tal vez recurrió a  sus experiencias de vida, desde el desprecio de su madre (que hubiera preferido la muerte de él a la de su hermano Christian) al suicidio de su hija Marie-Jo.

 

La Patafísica persiste

Remite a Alfred Jarry (que nació en 1873 y falleció en 1907, enfermo de tuberculosis y borracho como una cuba) y a una canción de The Beatles grabada hace cuarenta años y considerada un llamado al asesinato. Jarry fue venerado por dadaístas, surrealistas, cubistas y de cualquier chiflado seguidor del absurdo o que entendiera que el grito de merdre es el mejor inicio para una obra de teatro y se paseara, como el maestro, por las calles parisinas en bicicleta, con un revólver en el cinturón y una botella de absenta en el bolsillo. Pablo Picasso compró el revólver de Jarry y también él lo llevaba consigo en sus paseos nocturnos por los bulevares de París. Mientras tanto, por si alguien está interesado, existe un Colegio de Patafísica en el mundo, con una elaborada jerarquía de funcionarios, un calendario propio, una administración y produce símbolos y objetos. Algunos de sus miembros fueron ilustres, como Max Ernst, Boris Vian, René Clair y, a su manera, Julio Cortázar.

 

La lucha del escritor es dura

Boris Vian escribió tal y como vivió, alocadamente, y toda su producción posee una frescura que la aleja de la pose y la impostura: lo más extraño, en Vian nunca resulta artificial, la narración es ágil y ligera, y el lector siempre tendrá una sonrisa o un nudo en el estómago. Sin embargo, sus novelas fueron rechazadas por las editoriales. Cuando recibió el último rechazo de Gallimard al intentar publicar El arrancacorazones (protagonizada por Jacquemort, un psiquiatra de barba roja que busca desesperadamente clientes de los que aprender sentimientos dada su imposibilidad al respecto), Vian escribió a su última mujer, Úrsula Kübler, comentando su fracaso: “Quieren matarme, todos. No puedo reprochárselo, sé que es difícil de leer; pero lo que les parece “artificial” es el fondo. Qué raro, cuando escribo en broma parezco sincero y cuando escribo de verdad, creen que bromeo…”.

 

Una identificación

«Una tarde, un amigo costeño le prestó (a García Márquez) un ejemplar de “La metamorfosis”, traducido por un escritor argentino llamado Jorge Luis Borges. García Márquez volvió a la pensión, se quitó los zapatos y se tumbó en la cama. Leyó la primera línea: "Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto". García Márquez recuerda que pensó, fascinado: ¡Mierda, así es como hablaba mi abuela!» 

De Gerald Martin, Gabriel García Márquez, una vida.

 

Para niños y para adultos

Leer Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll (seudónimo del diácono Charles Lutwidge Dodgson, que vivió entre 1832 y 1898 en Inglaterra), como una metáfora sobre la búsqueda de la identidad y sobre las múltiples realidades que subyacen tras lo aparente es un acto saludable para los adultos. Este episodio entre Alicia y el Gato de Cheshire, por ejemplo, lo demuestra: Minino de Cheshire, ¿podría decirme, por favor, qué camino debo tomar desde aquí?", le pregunta Alicia al gato que siempre sonríe, en un momento de sus aventuras en el País de las Maravillas. "Eso depende en gran medida de adónde quieras llegar", responde el gato. "No me preocupa mucho adónde", dice la chica, urgida por salir. "En ese caso, poco importa el camino que tomes", replica el felino. Si no se sabe adónde ir, es muy fácil llegar a ninguna parte o, peor aún, echarle la culpa al camino o a quien nos lo indicó.