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 Donna Leon

  

 

A pesar de que desde su primera novela (escrita para liquidar a un célebre director de orquesta prima donna al que ni ella ni un amigo soportaban) alcanzó una enorme popularidad en todo el  mundo, esta profesora de Nueva jersey se aísla todo lo que puede   de la fama por un laberinto de callejas venecianas.  Vive en esa ciudad húmeda desde hace años y en ella transcurren sus argumentos,  pero la escritora se niega a que sus libros se traduzcan al italiano.

Su apellido es un guiño a la procedencia española de uno de sus abuelos, que emigró a Norteamérica.  Ella vivió una vida nómada,  en Irán hasta la caída del Sha ("aquello era drogas, sexo y rock and  roll"), China, Arabia Saudí, hasta que recaló en Venecia.  Aquella primera novela, escrita como un regalo y un freno al instinto  criminal de su amigo melómano ("es que le mataría", dijo él; "déjalo, lo haré‚ yo por ti", le prometió ella), ganó el prestigioso premio  Suntory y, desde entonces, cada nueva entrega anual se convierte en superventas.  Ella dice que el éxito le ha permitido dejar la  enseñanza y dedicarse a su verdadera pasión, la música.  Ahora se  dedica a recorrer el mundo de concierto en ópera. Tiene otra pasión que la autodefine como una "vehemente ecologista'.  Y hasta una tercera: los animales.  En una pared de la cocina expone las fotos de perros, gatos y demás mascotas de sus amigos.  Allí comenzamos a charlar, enganchándonos a un tópico. Los hombres publican más libros.  Pero no ocurre así en el género  policíaco. Las mujeres publican más novelas policíacas.  Yo no leo mucha ficción contemporánea.  Leo y releo a los clásicos, y la mayoría de ellos son hombres, con excepciones como Emily Bronte y   Jane Austen.  Los principales escritores, en lo que llamamos el  canon, son hombres.  Pero creo que, con el tiempo, un gran escritor no tiene sexo alguno.  No lo tiene quien escribió Ana Karenina,  porque comprende muy bien a Ana.  Tampoco el que escribió La feria de las vanidades tiene sexo, porque demuestra mucha empatía con Becky Sharp y comprende la mentalidad femenina.

 

¿Es más fácil que una escritora comprenda y transmita la mentalidad masculina?

Yo elegí un hombre, pero supongo que lo hice porque estoy en Italia y aquí los hombres tienen el poder, al menos el burocrático,  el oficial.  Porque el protagonista iba a ser un policía que tenía que hacer uso de la fuerza.  Lo elegí porque así no tengo que estar dando  explicaciones.  Una mujer diciendo "debe responder a todas mis preguntas", no quedaba bien.  Hubiera sido sencillamente molesto tener que tratar en cada libro esta cuestión de la autoridad en  una mujer.  Así que opté por un hombre.  No creo que sea difícil  escribir desde el punto de vista de un hombre.

 

Se ha pasado la vida viajando por el mundo, de un trabajo en otro. ¿Por qué dejó de hacerlo?

En 1980, en Arabia Saudí, había pasado un año tan malo que decidí que había llegado el momento de dejar de ser una vagabunda y  que ya tocaba vivir en algún sitio y ser feli  Porque no era feliz,   y yo soy una persona feliz por naturaleza.

 

¿Se sentía infeliz debido a que era una mujer en un país  árabe?

El hecho de que fuera un país  árabe quizá  formara parte del problema, pero creo que lo importante es que fuera Arabia Saudí. Ya  había vivido en otros países  árabes.  La cultura  árabe es rica, civilizada y amable.  Pero en Arabia Saudí éramos europeos viviendo en chozas mientras ellos estaban construyendo Persépolis,    construían su Babilonia.  He tenido buenas experiencias en la  mayoría de los países de Oriente Próximo. Sólo con los saudís tuve  problemas.  Pasé cuatro años maravillosos en Irán, que recuerdo con simpatía, afecto y tristeza por lo que les ha sucedido.  Pero  mi viaje a Arabia Saudí fue la única vez en mi vida que hice algo  por dinero.  Me ofrecieron mucho, sabía que no debía ir, pero fui. Y fui castigada.  En Arabia Saudí eliminaban lugares de sus mapas. Israel no existe.  Jerusalén, tampoco.  Lo tachaban todo, fuera.  Las  imágenes que llegaban eran de gente oscura.  Los rubios eran eliminados.  A los diarios ingleses que llegaban les censuraban las  piernas, las minifaldas.  Un día estaba leyendo uno con un anuncio que decía: 'Tómese un vaso de naranjada con su desayuno” (orange juice).  Pero como juice suena  a jews (judíos) lo sacaron. Maravilloso  lugar Arabia Saudí.  Oh, ¡qué sitio!  No vaya. ¡No vaya!

 

Pero Arabia Saudí es un país amigo de Estados Unidos.

Seguro.  Esos tipos que se estrellaron contra las Torres Gemelas, la  mayoría de ellos eran saudís.  Estaban pagados por Arabia Saudí,  probablemente por la familia real.  Hay muchas evidencias que indican que la familia real saudí lleva muchos años respaldando  al terrorismo, y eso durante el tiempo en que se consideraba el   mejor amigo de Norteamérica.  Pero cualquiera que haya pasado  algún tiempo allí habrá  caído en que lo que veíamos era diferente de la realidad que se describía.  Pasé un año pésimo.  Lo odié y los odio.  No soy una persona que ame la violencia.  Soy realmente pacífica.  Han pasado casi 25 años, pero me sentí maltratada.  Lo único  bueno que saqué de aquello fue vivir una experiencia similar a la de ser negro en Norteamérica.  Porque fui tratada como un negro.   La gente me escupía, me golpeaba.

 

¿Cuál era el motivo?

Porque soy una mujer y odian a las mujeres, aunque nadie quiere   hablar de ello.  Me escupían.  Había quien intentaba atropellarme con su motocicleta.  Me golpearon.  Se masturbaron ante mí, en público, más veces de las que puedo recordar.  Fui víctima de persecuciones y agresiones constantes.  Es decir, fui tratada de la misma forma en que siempre han sido tratados los negros en Estados  Unidos.  Después de esta experiencia, pensé que debía escribir un libro, pensé‚ por qué los negros norteamericanos no empezaban a  matar gente. Porque  de quedarme allí un año más, hubiera  matado a alguien.  Así que cuando leo casos de disturbios raciales,  de gente que enloquece e incendia edificios o dispara contra otros,  encuentro que tiene cierto sentido.  La diferencia es que yo elegí   convertirme en negro, elegí ir a Arabia Saudí, y siempre supe que  en el momento en que abandonara ese país, nunca más volvería  a ser un negro.  Volvería a ser una académica blanca de clase media alta. Los negros estadounidenses no gozan de esta ventaja, siempre serán tratados como seres inferiores. Esos tremendos prejuicios contra los negros jamás desaparecerán en Norteamérica. No veo a muchos negros en el Senado, no veo muchos gobernadores negros, no veo muchos negros presidiendo corporaciones,

 

Viajando durante 15 años hasta recalar por fin aquí, en Venecia, ¿huía usted de algo?

No. Yo era una persona curiosa. Además era muy afortunada, pues no tenía ambición alguna. Nací en el 42. Pertenezco a esa generación norteamericana que lo quería todo. Y yo no quería nada. Sólo quería ser feliz. Nunca he tenido ningún tipo de seguridad financiera ni profesional, nunca he tenido un trabajo fijo. Cogería un trabajo hasta que dejara de gustarme y luego me marcharía a otra parte. Como un gorrión, pienso ahora.

 

Lo que usted buscaba era ser completamente libre.

Será, realmente yo no hago muchas cosas. No bebo, no consumo drogas. No me gusta hacer locuras. Pero no quiero que nadie me diga jamás lo que tengo que hacer. No podría soportarlo.

 

Antes de vivir de la literatura, en su último trabajo fue profesora de soldados norteamericanos en una base de la OTAN cercana. Sé que a veces se enojaba mucho con sus alumnos por su falta de luces.

El Ejército estadounidense ya no es representativo de Estados Unidos. Ahora, los militares son representativos de la Norteamérica más pobre, de la clase más baja, porque las únicas personas que se incorporan son pobres y sin educación.

 

Con sus puntos de vista sobre el mundo y sobre su país, no le resultaría fácil vivir en Estados Unidos.

Yo no podía vivir allí. No podía dar clases. Hubiera estado permanentemente enfadada. Sencillamente, no puedo soportar la estupidez. No tengo ninguna paciencia con ella. La ignorancia es otra cosa, Cuando la gente no sabe algo, bueno, yo ignoro muchas cosas. Soy ignorante respecto a mi lavadora, la electricidad, mi coche. Soy bastante ignorante sobre de mi ordenador. Pero con la estupidez no tengo paciencia. Soy demasiado mayor. Ya no tengo tiempo para escuchar a los idiotas. Por ejemplo, no podría estar en Estados Unidos durante el funeral de Ronald Reagan, ¡porque me pasaría el día gritando! No comprendo cómo un hombre tan mediocre, tan estúpido y tan criminal se ha convertido en un santo.

 

Eso es un problema educativo, ¿no cree?

Por supuesto. Los políticos estadounidenses adoran que el pueblo norteamericano sea tan tonto. Sólo hay que ver la televisión. El pueblo estadounidense está muy mal educado. No saben absolutamente nada de historia, de geografía, no saben realmente nada. Me aterran. Y esos políticos...

 

Si es crítica con los políticos de su país, la experiencia política de Italia no le debe de resultar aleccionadora.

No, no es el mejor ejemplo, pero al menos no es un país agresivo. Italia no va por ahí declarando la guerra. Ha enviado tropas a Irak, pero la inmensa mayoría del pueblo italiano no quiere entrar en combate. Al igual que en España, el pueblo no quiere que se envíen tropas. El gobierno de Italia y el de España y el de Inglaterra y el de Polonia han enviado tropas porque quieren los contratos para la reconstrucción de Irak. Así podrían meter las narices, como los cerdos, en el comedero y chupar parte del dinero del petróleo iraquí. Al menos los españoles tuvieron el coraje de cambiar. Si Berlusconi perdiera las elecciones, es posible que las tropas italianas volvieran a casa. Creo que es lo que quieren los italianos.

 

Para eso es necesario cambiar en las urnas cierto estilo político, porque la norma es...

Mentir. Es mentir, mentir y mentir. Y lo que me aterra es que ya a nadie le importan las mentiras. Bush mintió desde el principio. Quería la guerra, inventó esas estupideces sobre las armas de destrucción masiva y al descubrirse que había mentido, no ha pasado nada. Ya ve que a nadie le importa. Sólo hay mentiras y mentiras y nadie hace nada. Tony Blair también miente bastante bien.

 

Contra la mentira y en pro de la educación, ¿tiene usted alguna idea?

¡Basta de televisión! De verdad creo que esto serviría. Nunca he tenido televisión y nunca la tendré. No, no, no. Jamás. Viviría con una serpiente venenosa en casa antes que vivir con un televisor.

 

¿No es necesaria esa ventana para observar nuestra propia miseria, las mentiras y la estupidez de la que habla?

Sé lo que quiere decir. Pero no necesito una televisión para eso. Créame, sólo hay que ver las noticias de la CNN para darse cuenta de lo estúpidas que pueden ser las cosas. La gente necesita sensaciones. Es muy interesante. A veces escucho la radio. Con mucha frecuencia, en los programas y en la publicidad, hablan sobre las sensaciones. Hay que ir aquí o allí porque experimentarás nuevas sensaciones. Nadie habla ya de las ideas. Siempre son sensaciones y nuevas emociones. Nadie habla de las políticas o los principios. Hablan del eje del mal. Un ejemplo perfecto podría ser Gadafi. No se podía ser más malvado que él. EE UU bombardeó Trípoli y mató a su hermano en un intento de asesinarle. Pero ahora, como tiene petróleo, Gadafi ya no es malvado. De repente ha dejado de serlo. Éste es el gran peligro, cuan-do en política se empieza a hablar del bien y del mal. Cuando le has llamado malo a alguien, es muy embarazoso que la semana siguiente ya no lo sea... Putin. ¡Putin! Es el ex jefe del KGB, ¡por el amor de Dios! Pero ya no es malvado. Y mientras, en Ruanda, en Haití... No, ahí no tienen ningún interés.

 

¿Usted no incuba algo de maldad?

¿En qué sentido? No, no soy mala. Me molesta la locura. Me molesta la estupidez. Pero no soy una mala persona, en absoluto. Quizá sólo sea cobarde. Pero no veo razón alguna para hacer cosas malvadas.

 

Lo digo porque trabaja en las cercanías de la maldad, necesita al asesino.

Sí, mato a mucha gente en mis libros, Maté a esa vieja vaca que cruzaba la calle, a mi vecino, a la mujer en aquel apartamento... Esta mañana a las 4.30 se oía esto: “¡Aaaaah! ¡Uaaaaah Giuseppe, bla, bla, bla!”. Yo intentaba dormir, pero me levanté, me puse a andar por el salón, miré a su ventana y allí estaba ella, Debía pesar unos cien kilos y estaba desnuda. Tenía 85 años más o menos, sacaba cosas del frigorífico. Y siguió así, sentada a la mesa, gritando. Así que estoy en pie desde las 4. yo. Pero en el último libro, morirá, Alguien le rompe la cabeza con una estatua del padre Pío,

 

Quizá si sus novelas transcurrieran en una ciudad de bajos fondos como Nápoles, o cosmopolita como Londres, su comisario se encontraría en un ambiente más propicio al crimen. Quiero decir que Venecia parece una ciudad tranquila.

Sí, es más tranquila comparada con cualquiera. No se puede encontrar una ciudad que no sea violenta. Mi visión de esta ciudad (jamás diría mi comprensión, porque todavía no tengo una buena comprensión de ella) es en parte la de alguien que vive aquí, que se preocupa por encontrar quien le repare la lavadora, quien transporte alguna cosa hasta su casa. Éstos son los problemas particulares de esta ciudad. Si mis libros estuvieran situados en Londres, o en Nápoles, nada sería igual, no encontraríamos extraño lo que pudiera ocurrir. Pero por alguna razón, la gente tiene esta imagen romántica e idealizada de Venecia, que es completamente errónea. Sólo es una pequeña población provinciana de 8.000 habitantes con un clima terrible que a mí no me crea problemas, pero mi amiga Roberta los sufre y graves.

 

Una pequeña ciudad cuya celebridad usted ha aumentado con sus crímenes.

Todo comenzó con Muerte en La Fenice, el insospechado best-seller de una desconocida.

Se publicó en Japón, luego en Francia, después en Norteamérica. El editor me ofreció un contrato por dos libros y lo armé. Así que escribí otro libro. Y luego me propusieron otro contrato por dos libros. En aquel tiempo, me divertía mucho y disfrutaba tanto haciéndolos que decidí que me dedicaría a esto, escribiría un libro al año. Escribir se convirtió en algo divertido, más que cualquier otra cosa, excepto la música, por supuesto.

 

Entre el amor y la justicia, Brunetti escoge la justicia.

Siempre. Él lo haría, sí, pero la justicia tal como él la entiende, no la justicia de los abogados. Y creo que a la gente le gusta esto. Cada país proporciona ejemplos demenciales de justicia legal Estoy segura de que se pueden encontrar muchísimos casos en España en los que la ley dice culpable o inocente y... ¿Es necesario mencionar el caso de O.J. Simpson?

 

Italia tiene una larga tradición de corrupciones en los poderes públicos.

Esta mañana he respondido una carta de una inglesa que me decía: “¿Cómo puede soportar vivir en un país donde el sistema político y el policial son tan corruptos?”. Y yo le he contestado, aunque educadamente: “Estimada señora, ¿cómo es posible que alguien que vive en Gran Bretaña plantee una pregunta así?”. Siempre son los británicos y los estadounidenses quienes mantienen esta alta actitud moral con respecto a los pobres italianos corruptos. Cómo si no hubiera corrupción política ni policial en Estados Unidos y en Inglaterra, ¡por favor, no me ponga furiosa! También le he dicho que me gusta vivir aquí porque nadie se hace ninguna ilusión, nadie se dice a sí mismo o les dice a los demás: “Italia es mejor que otros países”, o que son moralmente superiores. Pero la gente tiene esta actitud, como si sólo existiera corrupción en Italia. Es una locura. ¿Qué pasa con Bélgica? ¿Hablamos de corrupción policial? Pensemos en el caso Dutroux,  el tipo que está acusado de asesinar niñas. Dígame si no es un  ejemplo de algo muy desagradable.

 

¿Cree posible la manipulación al servicio de la historia?

 Sin duda.

 

¿La novela es instrumento para combatir manipulaciones?

Al menos una novela no pretende decir que lo que narras sea un  hecho, que es historia. Una novela no dice que una cosa sea cierta y otra falsa. Manipula a la gente porque se trata de palabras escritas, pero no pienso que los novelistas necesiten que la gente actúe. Tampoco creo que la gente lea una novela  y luego salga a la calle y se convierta en asesino en serie. La historia manipula a los pueblos. La historia, pero no las novelas, De acuerdo,  una novela  puede hacer que la gente preste atención por algo. Sucedió con  La cabaña del tío Tom. Cuando Lincoln conoció a Harriet Beecher  Stowe, le dijo (o se dice que le dijo): “¿Así que es usted la mujercita que inició esta...?”. Lincoln estaba queriendo decir que esa novela dio inicio a la guerra civil. Yo no creo que fuera así. No creo que las novelas afecten al devenir de la historia. No creo que una novela por sí misma pueda tener un gran efecto.

 

¿No? ¿Ni Dostoievski, ni Cervantes? Dickens ayuda a indagar en su país mejor que todo un curso de historia.

Creo que hacen que la gente experimente emociones fuertes y hacen pensar. Pero no sé si hacen actuar a la gente. Y no creo que Dickens consiguiera que nadie hiciera nada especial. Si algo hizo Dickens fue establecer otro estrato de prejuicios culturales contra las mujeres. Adoro a Dickens. Es uno de los mayores  novelistas ingleses y uno de los mayores novelistas de la historia. Puede enseñar a cualquiera cómo hay que escribir una novela. Pero su actitud respecto a las mujeres era patológica. O son viejas que trabajan como esclavas, o son hermosas mujeres que no saben nada, o son como Edith Dombey: en cuanto se interesan por el sexo se convierten en malvadas y tienen que morir. Las ideas de Dickens sobre las mujeres son realmente extrañas, bastante peligrosas, pero su visión de la injusticia social, de la división social en Inglaterra, es absolutamente brillante.

                

Sus libros no van al cine. Ni deja que se publiquen en Italia.

No quiero ser famosa. Y cuantas más cosas leo sobre mis libros en la prensa italiana... Sencillamente, no quiero problemas. He leído tres o cuatro críticas de libros, y sólo en una de ellas (eran todas norteamericanas) había alguna referencia a algo que sucedía en el libro. En uno solo de esos artículos su autor había leído el libro. Los otros tres simplemente estaban sacados de otros artículos alemanes, porque no habían leído el libro ni en pintura. Y si los italianos ya tienen la actitud de que nos les gustaré, y no les gustan mis libros porque se atreven a criticar a Italia, no quiero que oigan la opinión de gente que no se los ha leído. Aquí yo podría tener muy mala prensa debido a que no soy italiana. Le pondré un ejemplo: llamé al ayuntamiento para saber qué producto líquido se estaba utilizando junto a mi casa, con unos camiones, pues todas las calles de esta parte de la ciudad donde vivo estaban siendo rociadas con algún tipo de veneno que mató toda la hierba de ambos lados. Llamé para intentar enterarme del nombre del producto y su composición, pero se negaron a hablar conmigo. Me dieron el nombre de la empresa, Llamé y pregunté. Me dijeron: “Signora, es completamente seguro. Está aprobado legalmente, nuestra legislación dice que este producto es seguro y que se puede utilizar en la calle”. “Perdone, pero que la ley permita utilizar el producto no significa que sea inofensivo. Será absolutamente legal, ¡pero es absolutamente venenoso!”. Y él dijo: “¡Ah, usted no se fía del Estado italiano!”. Eso jamás se lo hubiera dicho a un italiano. En el momento en que abrí la boca para pedir información, estaba desconfiando del Estado italiano. Imagínese lo que me dirían si la gente se enojara conmigo por mis novelas. No, gracias. Cuando muera, pueden hacer lo que quieran. Pero no mientras yo viva. No soy agresiva y no quiero que me agredan. Aunque italianos que han leído mis libros y han hablado conmigo me han dicho que les han gustado. Encuentran muy extraño que un extranjero pueda tener esta comprensión de Italia... A mí ya me basta con eso.

 

No es posible pensar en Brunetti sin pensar en su mujer, Paola.

Él es mi cerebro y ella es mi corazón.

 

Pero Paola es más fuerte que él, más clara...

Es que ella es rica.

 

¿Acaso los ricos tienen más libertad de pensamiento?

Los ricos siempre dan la libertad por descontado. La gente rica tiene un diferente... Ella es rica, lo supo desde pequeña, puede hacer todo lo que quiera, decir lo que quiera.                         

 

¿La novela negra ocupa un nivel inferior que otras narrativas?

Usted dice que escribe novela negra porque es justo lo que puede alcanzar. Sí, puedo escribir novelas de misterio y crimen. No tengo talento para escribir novelas que no sean policíacas. Lo tengo para escribir novelas policíacas; serias, pero siempre serán novelas policíacas.       

 

¿Qué pensaría Freud de los escritores negros  como usted?

Estoy segura de que hubiera encontrado cosas interesantes que decir al respecto. Pero no me interesa en absoluto lo que Sigmund Freud pueda pensar sobre cualquier cosa. Él estaba equivocado acerca de muchas, muchas, muchas cosas. Y a pesar de todo, la gente todavía dice Freud, Freud, Freud. Nos dio talidomida, nos dio la sustitución hormonal femenina, en términos psicológicos. Nos dio todas esas medicinas que resultaron ser inútiles. Y a pesar de todo, la gente sigue pensando que Sigmund Freud es genial e importante. Dijo algunas cosas interesantes, sí, pero se equivocó en muchas otras. Y mintió en muchas ocasiones acerca de sus propias pruebas. Y sin embargo, ¿por qué la gente quiere creer en él? ¡No logro entenderlo!      

 

Menciono a Freud por aquello de que los novelistas de su género tienen trato cotidiano con la muerte, con el crimen, con lo más sórdido del ser humano.

Estoy segura de que la gente puede leer fácilmente en estos libros una terrible angustia, frustración, ira. Y creo que si habla usted con la gente que me conoce, lo encontrarían muy sorprendente, porque no tengo ningún anhelo de venganza ni cosas por el estilo, Pero estoy segura de que la gente leerá mis libros y encontrará en ellos cosas sobre mi personalidad. Sí, he matado a mucha gente. ¡Eso es más de lo que consiguen la mayoría de los asesinos en serie!

 

¿Cree que se la puede llegar a conocer bien?

Sí. Me gusta pensar que mis amigos me conocen. Mis mejores amigos me conocen. ¡Dios mío, ella me conoce desde hace 48 años! Y otro amigo me conoció hace 35.

 

Me refiero  a conocerla a través de sus libros.

Probablemente no. Yo no hago muchas de las cosas que se cuentan en mis libros. Aunque sí que suelo hacer muchas otras cosas que se cuentan en ellos. No soy una predicadora y pienso que sería muy poco realista poner las ideas de una mujer mayor norteamericana de clase media en la mentalidad de un hombre italiano de mediana edad. Por ejemplo, este personaje tiene prejuicios contra los meridionales. Eso es algo que yo no siento en absoluto. Muy al contrario.

 

La mayoría de los grandes protagonistas de la novela negra son detectives privados. Sin embargo, usted utiliza a un comisario de policía. ¿Cómo afecta eso a las reglas del juego?

Es más limitado. Brunetti pertenece a una estructura, es un funcionario, tiene una línea de conducta, está obligado a seguir unas determinadas normas, a tener ciertas cotas que un detective se puede saltar con mayor facilidad. Con él la ficción está más limitada.

 

¿Asistió el comisario Brunetti al funeral de Pepe Carvalho?

Sí, fue una pérdida muy dolorosa, tremenda.

 

Fuente: La Vanguardia