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Cuento 

 

 

Pritchett define el cuento como “algo vislumbrado al pasar con el rabillo del ojo”. William Boyd señala que hay siete categorías, en las que caben casi todos los tipos de cuento:


1. El event-plot story [“cuento basado en una trama de hechos”]. Gerhardie la usa para diferenciar los cuentos de Chejov (que trató de asemejar la trama a la de nuestra vida: aleatoria, misteriosa, mediocre, caótica, mentirosa, cruel, vacía), en los que lo más importante es el molde narrativo clásico: exposición, nudo y desenlace.

Atención: El estereotipo del event-plot story, es el desenlace efectista usado por O. Henry, en los cuentos de fantasmas de W. W. Jacobs y de detectives Arthur Conan Doyle, y que hoy resulta artificioso.

 

2. El cuento chejoviano. Chejov es el padre del cuento moderno.

Dublineses de James Joyce debe mucho a Chejov aunque él mintiera que no lo había leído. ¿Cuál es la esencia del cuento chejoviano?

“Era hora de que los escritores, especialmente los que son artistas, reconocieran que en este mundo nada se comprende”, escribió Chejov a un amigo. O sea, que debemos observar la vida en toda su banalidad, su tragicomedia, y rehusarnos a juzgarla, a condenarla o a ensalzarla. Registrar las acciones humanas tal como son y dejar que hablen por sí solas (hasta donde puedan hacerlo), sin manipularlas, censurarlas ni elogiarlas. De ahí su famosa réplica, cuando le pidieron que definiera la vida: “¿Me preguntan qué es la vida? Es como si me preguntaran qué es una zanahoria. Una zanahoria es una zanahoria y punto”.

Su aparente frialdad desapasionada e impávida frente a la condición humana, expresada en sus cuentos, influyó en Katherine Mansfield y en Joyce, y en William Trevor, Raymond Carver; Elizabeth Bowen, John Cheever, Muriel Spark y Alice Munro.

 

3. El cuento “modernista” Ernest Hemingway, la otra gran presencia del cuento moderno, que transmitió la idea de oscuridad en su estilo lacónico y recortado; y no temía repetir los adjetivos más comunes, en vez de buscar sinónimos. En sus primeros cuentos (que son los mejores) se comprende la situación al instante: Un joven sale a pescar y, al caer la noche, acampa. En un café, se reúnen varios mozos. En “Colinas como elefantes blancos”, una pareja espera un tren en una estación. Están tensos. ¿Ella se ha hecho un aborto? Eso es todo. A la vez, Hemingway los envuelve en un oscuro poema, con significados ocultos por lo cual el cuento es memorable, y que sería un mecanismo tedioso en una novela.

4. El cuento cripto-lúdico o narración reprimida. Aquí, la narración presenta su superficie desconcertante de un modo más abierto, como una especie de desafío al lector; como hacen Borges y Nabokov (por ej. “Primavera en Fialta”) ofrecen un significado por descubrir y descifrar, mientras que en Hemingway atrae su inasequibilidad. Un cuento de Nabokov, pongamos por caso El mensaje implícito es: “Sigue excavando y descubrirás más cosas. Esfuérzate más y tendrás tu recompensa”. El lector está dispuesto a todo. Rudyard Kipling con “Mary Postgate” o “La señora Bathurst”.

 

5. La “mininovela”. Intenta lograr en unas decenas de páginas lo que una novela consigue en cuatrocientas: una larga lista de personajes y abundantes detalles realistas. Como “Mi vida”, Chejov. Abarca un lapso prolongado; los personajes se enamoran, se casan, tienen hijos, se separan y mueren: comprime en cincuenta y tantas páginas el contenido de una novela victoriana en tres tomos. Evitan la elipsis y la alusión; acumulan hechos concretos, como si quisieran decirnos: “¿Ves? No necesitas cuatrocientas páginas para retratar una sociedad”.

 

6. El cuento poético-mítico (opuestos al realismo de los anteriores). Entre los ejemplos, las viñetas de las páginas, concisas y brutales de Hemingway en En nuestro tiempo; los cuentos de Dylan Thomas y D. H. Lawrence; las divagaciones de J. G. Ballard por el espacio interior y los extensos poemas en prosa de Ted Hughes o Frank O’Hara, que va desde el fluir del pensamiento hasta la impenetrabilidad gnómica.

 

7. El falso cuento biográfico. Toma la historia, el reportaje, las memorias, las notas al pie, las remisiones bibliográficas, como hace Borges o introduce episodios imaginarios en la vida de personajes reales de sus vidas.