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¿Cómo se utiliza el mito en el territorio literario?

 

   Los mitos son la matriz de la literatura: sus personajes, temas e imágenes son básicamente complicaciones y desplazamientos de elementos similares en mitos y cuentos folclóricos. Los contenidos míticos atraviesan la literatura. De hecho, la habilidad para conmovernos de manera profunda se debe a su cualidad mítica.  La trama y las acciones del mito sugieren patrones universales de motivación y conducta que los escritores retoman con sentidos diversos

 

Jung explica que las imágenes y los símbolos que aparecen en la literatura son imágenes de lo inconsciente colectivo, esto es, de la estructura particular, innata, de esa psique que representa matriz y condición previa a la conciencia. La psique conserva muchos rastros de las anteriores etapas de su desarrollo. De modo consciente podemos desdeñar esos contenidos, pero de manera inconsciente respondemos a ellos y a las formas simbólicas —incluidos los sueños— con que se expresan.

Como dice Eliade: “Toda vida humana se halla constituida por una serie de pruebas, de muertes y de resurrecciones, y aunque los esquemas iniciáticos ahora sólo funcionan en los planos vital y psicológico, no por ello han dejado de ejercer su función, y se puede decir que el proceso de iniciación parece acompañar a toda condición humana”.  Su aparición en la literatura demuestra la vigencia de los patrones iniciáticos.

 

El hecho de que los mitos y los ritos aparezcan en la literatura nos habla de este deseo de retorno que persiste en el inconsciente del hombre moderno. Como dice H. A. Murena: “La esencia del arte es nostalgia por el Otro Mundo... El hombre es el mediador entre el cielo y la tierra; y el arte es la función gracias a la cual el Otro Mundo es traído a este mundo. Así, aunque el arte nace de la melancolía, se redime de ella mediante la obra que trae al Otro Mundo a este mundo, y que acerca el cielo a la tierra”.

Por ejemplo, la expulsión del paraíso, la caída, marcan la primera ruptura del hombre con la unidad, con el absoluto y ahí comienzan también el drama del exilio, el drama del alma desterrada. Como dice Ricoeur: “El tema del destierro es inherente al relato de la caída: ésta inaugura una era de destierro, de andar errante y de perdición, simbolizada sucesivamente por la expulsión de Adán y Eva fuera del paraíso, por la vida errante de Caín, por la dispersión de los constructores de la torre de Babel y por la devastación del diluvio”. El mito del exilio es uno de los mitos básicos que explican la condición humana actual. 

 

Esquemas míticos

Entre los esquemas míticos, destaca el del héroe que inicia su aventura desde el mundo de todos los días hacia una región de prodigios sobrenaturales, se enfrenta con fuerzas fabulosas y gana una victoria decisiva, regresa de su aventura con la fuerza de otorgar dones a sus hermanos.

La llamada a la aventura puede ser algún impulso interior o algún incidente del exterior que revela un mundo insospechado y el individuo queda expuesto a una relación con poderes extraños. Esta fatal región de tesoro y peligro puede ser representada en varias formas: como una tierra distante, un bosque, un reino subterráneo, o bajo las aguas, en el cielo, en una isla secreta, la áspera cresta de una montaña, o un profundo estado de sueño; pero siempre en un lugar de fluidos extraños y seres polimorfos, tormentos inimaginables, hechos sobrehumanos y deleites imposibles. El héroe puede obedecer a su propia voluntad para llevar a cabo la aventura, o bien puede ser empujado o llevado al extranjero por un agente benigno o maligno. La aventura puede comenzar como un mero accidente o como un llamado interior.

El camino de pruebas es un camino lleno de peligros. Aunque este camino es simbolizado por distintos espacios exteriores, en realidad, muchas veces, el viaje es hacia el interior. Un camino donde el héroe elige la peligrosa jornada a la oscuridad y desciende a las torcidas curvas de su propio laberinto espiritual. Habrá que matar a los "dragones" y traspasar sorprendentes barreras una y otra vez. Mientras tanto, se registrará una multitud de victorias preliminares, de éxtasis pasajeros y reflejos momentáneos de la tierra maravillosa.

La última aventura, cuando todas las barreras y los ogros han sido vencidos, se representa de modo común como un matrimonio místico (Ieros gamos) del alma triunfante del héroe con la Reina Diosa del Mundo. Esta es la crisis en el nadir, en el cenit o en el último extremo de la Tierra, en el punto central del cosmos, en el tabernáculo del templo o en la oscuridad de la cámara más profunda del corazón.

 

Lo mítico tiene carácter universal: el marido típico de los cuentos de Carver, borracho, en paro, despreciado por su mujer, es un mito moderno, perteneciente a Illinois y comprendido en todas partes.

 

Símbolos y esquema

No son pocos los símbolos míticos que perviven en la literatura moderna.

El relato órfico del descenso a los infiernos es un mito inagotable, cuyos elementos principales: espacio y personaje, han sido retrabajados hasta nuestros días como búsqueda de la verdad y lugar fronterizo entre la vida y la muerte.

Desde el punto de vista formal, la estructura del relato mítico corresponde al siguiente esquema:

 

1 El héroe debe enfrentarse a una empresa difícil.

2 La empresa se lleva a cabo.

3 El héroe es reconocido.

4 El falso héroe queda en evidencia.

5 El falso héroe es castigado.

6 El héroe es ayudado.

7 El héroe triunfa.

8 Nuevas complicaciones.

 

Así, por ejemplo, el esquema del mito de Edipo es el siguiente:

1. Edipo se entera de que no es hijo de quienes cree serlo.

2 Marcha hacia el Oráculo.

3 Tiene noticia de sus futuros pecados, vaticinados por el oráculo de Apolo.

4 y 5 Se encuentra con un señor en una encrucijada y lo mata

6 De modo involuntario, el mensajero y el pastor lo ayudan en su búsqueda. 7 Triunfa y se casa con Yocasta.

8 Se devela el secreto, queda ciego y muere.

 

Del mito al campo literario

Tanto la Ilíada como la Odisea contienen una gran variedad de elementos míticos, dioses y hombres se mezclan. El Popol Vuh significa “Colección de hojas escritas”.  El Ramayana tiene abundantes alusiones de los dioses y sus atributos. El Mahabharata significa “gran poema de Bharatas” y cuenta la historia de una guerra ocurrida trece o catorce siglos antes de nuestra era, en unos cien mil pareados.

Para Mircea Eliade lo propio del tiempo mítico es la abolición del tiempo cronológico. El mito del Eterno retorno apunta a la repetición eterna, por lo tanto, a la abolición del tiempo. Tiene estrecha relación con el acto de crear: supone que toda creación repite el acto originario de la Creación del mundo. Parte del adagio: “Así lo hicieros los dioses, así lo hace el hombre”. En el campo literario ha sido renovado por James Joyce, en Ulises, y por T. S. Eliot, entre otros.

A este tiempo mítico corresponden los procedimientos de la yuxtaposición:

el pasado y el presente no tienen una progresión causal; sino que están encerrados en una unidad atemporal, se yuxtaponen, para indicar la irremediable repetición de los hechos, estableciendo la condena como marca. “La vida no es una secuencia”, afirma Juan Rulfo y emplea este procedimiento en varios de sus cuentos; la duración (consiste en estirar un personaje verosímil hasta llevarlo al límite de su capacidad, como en Cien años de soledad, de García Márquez: los personajes que duran son seres extraordinarios,

Minerva ayudó a la humanidad en las labores manuales y presidió los destinos de la guerra. Tenía un escudo con una cabeza de monstruo llamado Gorgona, que poseía la propiedad de convertir en piedra a quien lo mirara.

Milton lo cuenta en el siguiente poema:

 

“¿Qué era ese escudo de Gorgona de cabeza de víbora,

Que la sabia Minerva llevaba, virgen no conquistada,

Con lo que convirtió a sus enemigos en fría piedra,

Pero rígidas miradas de austeridad casta,

Y noble gracia que mezclaba cruda violencia

Con repentina adoración y desconcertado espanto?

 

Shelley sobre el mismo mito escribe el siguiente poema:

 

“Allí estaba, mirando al cielo de medianoche,

Sobre la cúspide nublada de la montaña;

Debajo, la tierra se ve temblorosa;

Sus horrores y su belleza son divinos.

Sobre sus labios y sus párpados parece reposar

Belleza como una sombra, de la cual el brillo,

Ardiente y pálido, luchando abajo,

Las agonías del enfado y de la muerte.

 

Aún es menor el horror que la gracia

Que petrifica el espíritu del observador,

Sobre las líneas de esa cara muerta

Están enterradas, hasta que crezcan los personajes

En sí mismos, y no puede hallarse otra idea;

Es la forma melodiosa de la belleza lanzada

A través de la oscuridad y el brillo del dolor,

Que humanizan y armonizan el aire.”

 

Júpiter tenía por costumbre raptar mortales de la Tierra y transferir los más hermosos al Olimpo. Efectúa los raptos, generalmente en forma de águila. Así raptó a un joven pastor llamado Ganimedes, y a Asteria, madre de Hécate. Spencer escribe:

 

“Dos veces se le ha visto elevarse en forma de águila,

Y batir sus amplias alas en el voluminoso aire:

Una vez, cuando él con Asteria escaparon;

Otra vez cuando al muchacho troyano tan bello

Arrebató de la colina Ida, y con él desnudo:

Maravilloso encanto para contemplar

Cómo lo observaban los rudos pastores,

Temblando de miedo por si se podía caer,

Y gritándole a veces para que se cogiera mejor.”

 

Hay un pasaje en la Eneida, la Rama Dorada, que cuenta cómo Eneas se interna en un tenebroso valle y siguiendo a dos palomas se ve sorprendido de pronto por un extraño resplandor. Es la Rama Dorada. Esta rama se vincula con el muérdago. Los romanos pensaban que las parejas que se besaran bajo una rama de muérdago permanecían unidas para siempre y que su color amarillo era apto para descubrir tesoros enterrados. A Eneas le sirvió para franquear las puertas del infierno, y encontrarse con los muertos, y para nosotros es el símbolo de esa llamada que nos abre el dominio de la imaginación.

 

Entre la historia y el mito: Alejo Carpentier

En el prólogo a El reino de este mundo, una de sus obras más significativas, inspirada en un viaje que había hecho a Haití en 1943, aparece el sustento de su teoría sobre lo real maravilloso. Su contenido resulta de la simbiosis entre la verdad histórica y la ilusión de olvidar los hechos para dejar paso los mitos. En medio de las tradiciones haitianas, tienen lugar varios episodios insólitos que, a la vez, sirven para comprender mejor la realidad americana. En efecto, lo real maravilloso no surge de la distorsión, sino que, en el decir del propio Carpentier, "se encuentra a cada paso en las vidas de los hombres que inscribieron fechas en la historia del continente".
En Los pasos perdidos, las nacientes del río Orinoco llenan el paisaje alrededor del cual se mueve el protagonista, un musicólogo que viaja a Venezuela a pedido de una universidad americana. Se le ha encargado la tarea de hallar, en la reconstrucción de otras identidades, algunos instrumentos musicales de valor genuino. La novela está escrita en primera persona, en forma de diario de viaje y el nombre del protagonista no se menciona. La intensidad se centra en el desarrollo de un viaje cargado de símbolos, alegórico, cuya perfección reside en la regresión del viajero a sus orígenes.

Si bien Carpentier muestra en sus obras la voluntad de prestar atención a lo americano, lo cierto es que su literatura expresa un característico rasgo cosmopolita: la necesidad de descubrir en los seres humanos destinos comunes.
La desolación del hombre es para el autor cubano un modo de exclusión social que, además, tiene raíces en la angustia de no comprender lo que verdaderamente pasa en el mundo. Sus historias exhiben la lucha entre una modernidad que avanza y una realidad que, en muchos sentidos, se vuelve primitiva.

Los personajes de Carpentier, señaló Fernando Alegría, "representan a un hombre que está consumido por el vacío espiritual y la espantosa presión que genera la decadencia del mundo moderno".

En El recurso del método, se advierte la forma sutil en que Carpentier crea a un tirano cerebral, cuyo cinismo es el de alguien que extiende su acción a un sistema. Lo real maravilloso opera allí como descubrimiento y ausencia al mismo tiempo: el tirano está, sus actos son abyectos, pero nada es más cierto que el poder abstracto que envuelve la historia del continente. Sólo queda seguir buscando, luego de releer sus páginas, en un argumento que no se disuelve, el origen de signos autoritarios que aún hoy continúan latentes a través de resabios.

No es posible analizar la obra de Carpentier sin referirse a su transfondo, tanto lingüístico como temático. A su escritura de orfebre que mide cada sustantivo, que compara cada adjetivo, se suma la pluralidad de temas: la religión, los mitos, la problemática social, la soledad, la naturaleza virgen, la rutina, los pesares de tener que sobrevivir a la pobreza.

Atraviesan imágenes míticas, casi todos los textos de Carpentier dejan ver cierta pasión por lo misterioso, detrás de situaciones y actos desmedidos. Este universo mítico está construido alrededor de los sueños latinoamericanos, aunque se sustenta en una elaboración rigurosa y sutil del hombre.
Basta tomar El arpa y la sombra, y advertir cómo este libro surgió del rechazo que sintió Carpentier ante el libro de León Bloy, escritor católico que promovió la beatificación del Almirante y, sin más, su paralelo con Moisés y San Pedro. Carpentier vio en esto las huellas de un mito y empezó a trabajar la increíble aventura exterior e interior de Colón, hasta arribar a la confesión íntima del navegante en los últimos momentos de su vida. El texto, además, reúne múltiples puntos de vista, ya que en él convergen las voces de los personajes y así se crea un clima fragmentado, un ambiente de conjura. No se trata de una novela histórica sino de la historia de un hombre que deserta de ser protagonista: la proximidad de la muerte acerca a Colón a ver más de sus debilidades que de sus hazañas. La desmesura de los mitos refleja la historia de América latina, y Carpentier descubrió que, en el trazo firme y oculto del sentimiento americano, como en su idiosincrasia, había un insoslayable caudal literario.