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MARIO VARGAS LLOSA

 

 

“Mentir con conocimiento de causa”

Acerca de su novela sobre el dictador Trujillo

 por Ariel Rivadeneira

 

La transformación de los datos reales en novela, y el tratamiento universal del conflicto, que así conmueve a cualquier lector, son aspectos sobre los que se desarrolla toda la  escritura del autor.

 

 

 

Una historia de horrores difícil de convertir en episodio directo

La historia tiene la obligación moral de decir la verdad, pero la literatura tiene su verdad, que depende de su poder de convicción. Tolstoi no respetó la verdad sobre las guerras napoleónicas al escribir Guerra y paz, pero escribió una obra maestra que nos dice más del poder y su reverberación en el hombre y en la mujer. La anécdota real es un pretexto para hablar de la condición humana. Entre las aberraciones cometidas, Trujillo llegó a obligar a uno de sus súbditos a comerse a su propio hijo, le presentó la cabeza como prueba, lo cual me convenció aún más de que es cierto el tópico de que la realidad supera a la ficción.

Lo real excesivo puede resultar poco creíble. Por lo tanto, una manera fue presentarlo a través de un intermediario: cuento muy de paso un hecho que me impresionó profundamente. A la vez, respeté dos imposiciones: en primer lugar, no incluí nada que forzara esa realidad histórica; en segundo, traté de ser lo más fiel posible a esa atmósfera de la dictadura. En lo demás, he trabajado con total libertad.

Es decir, hice un acopio exhaustivo de información sobre la que asentar la fantasía, la imaginación: en la novela es más importante la invención, se trata de mezclar personajes reales e inventados; me he documentado de un modo minucioso para partir con conocimiento de causa, pero no he querido desarrollar fielmente la historia. Para eso ya están los ensayos. He respetado los 31 años de dictadura de Trujillo, pero he procurado que la ficción domine el libro. En cuanto al lenguaje, no quería una novela costumbrista, pero sí quería que el diálogo aludiera al lenguaje dominicano.

 

“La experiencia vivida le impone a uno ciertos temas de un modo muy misterioso”

 

 

Una mujer inventada

Me inventé el personaje de Urania Cabral, que regresa a la República Dominicana tras más de treinta años de ausencia, precisamente, para que la novela no se contara sólo desde el interior de la dictadura. Está basada en muchas experiencias concretas. Además, quería contarla desde el presente y quería una protagonista mujer porque me impresionó la relación de Trujillo con las mujeres. Hay un hecho curioso: ninguna amante habló mal de él. Hubo muchísimos padres que llevaron a sus hijas como regalo al generalísimo y ninguna de las víctimas ha querido contarlo después.

 

Los orígenes

Las diferentes novelas que he escrito han nacido de forma involuntaria; algo imprevisto: un sueño, una idea, cosas vividas, suelen ser el punto de partida de un fantaseo casi inconsciente, hasta que tomo consciencia y tomo la decisión de trabajar en la novela. La experiencia vivida le impone a uno ciertos temas de un modo muy misterioso. Escribo los primeros borradores en cuadernos y a mano.

Y ya durante el proceso de escritura, una novela como La fiesta del chivo me provocó repulsión y fascinación a la vez por saber cómo seres demoníacos como el dictador llegaron hasta esos límites. Cuando uno escribe, uno es el torturador y el torturado, el testigo y la protagonista.

Lo que me ha dado llevar tantos años escribiendo es el convencimiento de que si persevero termino la historia, pero el principio de una novela es una lucha contra la inseguridad de no saber si va a tener vida propia, en busca de una confianza que sólo llego a tener cuando he terminado el primer borrador. Al final, cuando el libro está publicado, lo maravilloso han sido esos años construyéndolo, sacando esa historia de la nada, modelando esos personajes.

 

“Cuando uno escribe, uno es el torturador y el torturado, el testigo y la protagonista”

 

 

La técnica y la lectura de los maestros

Conseguir que lo singular sea universal depende de la forma de contarlo, de la técnica elegida. En este sentido, descubrí la importancia de la forma leyendo a Faulkner, que tal vez no hubiera existido sin Joyce, que revolucionó la técnica de construir una historia y cuya novela es para novelistas: un novelista de nuestra época no puede narrar sin haber leído a Joyce; Faulkner me enseñó cómo una historia depende de las palabras en que se encarna, de la manera en que organiza un autor los tiempos, los efectos y las causas, la perspectiva desde la cual se cuenta una historia. Una forma puede otorgar profundidad, sutileza, o idiotizar a los personajes y banalizar los temas. Faulkner me permitió, además, reconocer una predisposición mía hacia la épica. Es un autor del siglo XX que admiro, el equivalente de Balzac, Dickens o Flaubert en el XIX, que lo son a su vez de los clásicos como Cervantes: autores que compiten con la realidad, sin miedo; a diferencia de los autores de hoy que prefieren la obra perfecta de tono menor.

 

“Conseguir que lo singular sea universal depende de la forma de contarlo, de la técnica elegida”

 

A los jóvenes escritores

Les recomiendo la lectura de la correspondencia de Flaubert porque en esas cartas vemos cómo construyó su talento basándose en la perseverancia y la terquedad. Asimismo, les aconsejo que no desistan en su empeño de ver publicados sus libros porque las obras de Proust y de Lampedusa fueron rechazadas por muchos editores antes de llegar a la imprenta.