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TRUMAN CAPOTE

 por Tesi Rivera Blanco

“La muerte de un sueño no es menos triste que la muerte"

 

Capote (originalmente Truman Streckfus Persons), uno de los escritores norteamericanos más populares, es un estilista muy bien dotado, trabaja tan bien los artificios que ha inducido a muchos a imitarlo. La innovación marcada por A sangre fría proviene de su propio descenso a los infiernos. Así escribió desde su propia voz el sentido trágico de la vida, con lirismo y cierta compasión.

Su vida cotidiana fue extraña y camaleónica como su obra. En cada cumpleaños, Selma, su más vieja amiga, le regalaba una moneda de diez centavos envuelta en papel de váter. Cuenta que cuando tenía doce años le ocurrieron una serie de fastidiosas desgracias, "por lo que pasé mucho tiempo en cama y escribí una obra de teatro que iba a protagonizar, Miss Garbo. Ni su carta ni su obra tuvieron acuse de recibo".

 


¿Qué es lo primero que empezó a escribir?

Cuentos. Y mis ambiciones más firmes giran todavía alrededor de ese género. Creo que el cuento, cuando es explorado seriamente, es el más difícil y el más riguroso de los géneros existentes. Todo el control y la técnica que yo pueda tener se lo debo enteramente a mi adiestramiento en ese género.

 

¿Qué significa cuando dice "control"?

Significa mantener un dominio estilístico y emocional sobre el material. Podría tomarse como preciosismo, pero yo creo que el cuento puede ser arruinado por un ritmo defectuoso en una oración, sobre todo al final, o por un error en la división de los párrafos y hasta en la puntuación.

 

"La mayor intensidad en el arte

en todas sus formas se alcanza

con una cabeza fría, dura y deliberada"

¿Se escribe por intuición o por formación?

 

Yo creía que uno era escritor o no lo era, y ninguna combinación de profesores podía influir en el resultado. Aún creo tener razón, al menos en mi caso; sin embargo, ahora comprendo que a la mayoría de jóvenes escritores les reporta más beneficios que perjuicios asistir a la universidad, aunque sólo sea porque sus profesores y compañeros de clase sirven de público cautivo de su obra; nada hay más solitario que un aspirante a artista sin una caja de resonancia.

 

¿Va a la búsqueda de las historias?

Por lo general, cuando se me ocurre una historia, me llega, o eso parece, in toto; un prolongado y sostenido rayo que oscurece lo tangible, el así llamado mundo real, y sólo deja iluminado ese paisaje imaginario repentinamente visto, un territorio animado por figuras, voces, habitaciones, atmósferas, climas. Un airado y colérico cachorro de tigre; uno debe aplacarlo y domarlo. Por supuesto, la principal tarea del artista: domar y dar forma a la visión creativa en bruto. De vez en cuando todo escritor se encuentra con alguna historia que escribe aparentemente sin esfuerzo, externa a él; es como si uno fuera un secretario que transcribe las palabras de una voz procedente de una nube. Lo difícil es mantener el contacto con ese espectro que dicta. La comunicación era más viva por la noche, trabajar de noche.

 

“Todo arte se compone

 de detalles seleccionados”

 ¿Medita durante mucho tiempo las historias que quiere narrar?

 

No, no creo que sea cuestión de tiempo. Supongamos que uno pasa una semana comiendo sólo manzanas. Uno agota su apetito por las manzanas y sin duda alguna sabe cuál es su sabor. Me parece recordar que Dickens se moría de risa a medida que escribía, con su propio humorismo, y derramaba lágrimas sobre la página cuando un personaje se moría. Mi  propia teoría es que el escritor debe haber gozado su ingenio y secado sus lágrimas mucho, muchísimo antes de proponerse suscitar reacciones similares en un lector. En otras palabras, creo que la mayor intensidad en el arte en todas sus formas se alcanza con una cabeza fría, dura y deliberada.

Los críticos dijeron que estaba muy influido por los artistas literarios sureños: Faulkner, Welty y McCullers. Sin embargo, se equivocaban, los escritores americanos que yo más valoraba eran James, Twain, Poe, Willa Cather, Hawthorne, Sarah Orne Jewett, Flaubert, Jane Austen, Dickens, Proust, Chéjov, Katherine Mansfield, Forster, Turguéniev, Maupassant y Brontë.

 

¿Cuándo empezó a publicar?

A los diecisiete años conseguí un empleo en la revista The New Yorker. Estuve dos años y durante ese período publiqué algunos relatos breves en pequeñas revistas literarias. (Presenté varios a mis jefes y todos fueron rechazados, aunque me devolvieron uno con el siguiente comentario:"Muy bueno. Pero de un romanticismo ajeno al de esta revista.")

 

¿Le preocupó algún tema en especial?

Aunque por entonces no lo supiera, el tema central de Otras voces, otros ámbitos era mi búsqueda de mi padre, esa persona esencialmente imaginaria. Otras voces, otros ámbitos fue un intento de exorcizar mis demonios: yo me negaba a reconocer que era realmente autobiográfico.

 

¿Consiguió su objetivo?

Leerlo fue como si leyera el manuscrito recién redactado de un completo desconocido. Me quedé atónito ante sus subterfugios simbólicos. Lo que había hecho poseía el enigmático brillo de un prisma de extraños colores sostenido ante la luz, y también una cierta intensidad angustiosa y suplicante, como el mensaje de un náufrago encerrado en una botella y arrojado al mar.

 

¿A qué se refiere cuando habla de "reflejar la realidad"?

La realidad reflejada es la esencia de la realidad, la verdad más verdadera. Cuando era niño jugaba a un juego pictórico. Observaba, por ejemplo, un paisaje: árboles, nubes y caballos desperdigados por la hierba; a continuación escogía un detalle de esa visión global —pongamos por caso la hierba inclinándose en la brisa— y lo enmarcaba con las manos. Entonces ese detalle se convertía en la esencia del paisaje, y recogía, en su miniatura prismática, la verdadera atmósfera de un panorama demasiado grande como para poder abarcarlo de otro modo. O si me encontraba en una habitación que me era extraña, y quería comprenderla, y también el carácter de sus habitantes, dejaba que mi ojo errara de manera selectiva hasta que descubría algo —un rayo de luz, un piano decrépito, un dibujo en la alfombra— que parecía contener ese secreto. Todo arte se compone de detalles seleccionados, ya sean imaginarios, o, como en A sangre fría, una destilación de la realidad. Así ocurrió con el libro y  así ocurrió con la película, sólo que yo había elegido mis detalles de la vida, mientras que Brooks los había destilado del libro: una realidad dos veces traspuesta, por ello más auténtica.

 

¿Cómo fue el proceso?

 Nada más aparecer el libro, muchos productores y directores expresaron el deseo de hacer una película. Richard Brooks era el único director que estaba de acuerdo con mi idea de cómo había que convertir el libro en película, quería que la película se rodara en blanco y negro y que los actores fuesen desconocidos, con la técnica de contrapunto que yo utilicé en el libro. Los dos deseábamos que la película fuera una réplica de la realidad, que los actores se parecieran a sus modelos lo máximo posible y que todas las escenas se filmaran en localizaciones reales: la casa donde fue asesinada la familia Clutter; la misma tienda de Kansas donde Perry y Dick compraron la cuerda y la cinta adhesiva para atar a sus víctimas; y los tribunales, prisiones, gasolineras, habitaciones de hotel, carreteras y calles: todos los lugares que habían visto  en el curso del crimen y posteriormente. Era un procedimiento complicado, pero el único posible para eliminar todos los elementos de fantasía y para que la realidad alcanzara su propio reflejo. Cito mi diario: "Pasé la tarde en la granja de los Clutter. Fue una curiosa experiencia encontrarme de nuevo en una casa en la que he estado tantas veces, y siempre, hasta hoy, en un ambiente de silencio: la casa en silencio, las sencillas habitaciones, el suelo de madera donde resuena cada pisada. (...) Pero en lo que me fijé, lo que me quedó “encuadrado”, fueron las persianas venecianas que protegen las ventanas del despacho del señor Clutter, la habitación por la que los asesinos entraron a la casa. Al introducirse en ella, Dick había separado dos listones de las persianas y observado a través de la rendija para ver si alguien acechaba a la luz de la luna; de nuevo, al marcharse, los ojos de Dick volvieron a explorar el paisaje a través de los listones... Y ahora, el actor que interpreta a Dick está por repetir esa acción. Y sin embargo han pasado ocho años, la familia Clutter ya no existe y Dick está muerto, pero las persianas aún existen, aún cuelgan de las mismas ventanas. De este modo, la realidad, a través de un objeto, se infiltra en el arte; eso es lo que resulta original e inquietante en esta película: arte y realidad se entrelazan hasta el punto de que no hay zona de demarcación identificable".

                  

¿En qué ha trabajado desde que publicó A sangre fría?

 Publiqué un relato largo en forma de libro, El invitado del día de Acción de Gracias. Un guión para el cine, de El gran Gatsby. Tardé cinco años en escribir A sangre fría y un año en recuperarme. Sin embargo, antes de comenzar A sangre fría, comencé a preparar las notas y la estructura de  Plegarias atendidas, un libro técnicamente complicado, el más largo que he escrito. Durante los últimos años, me han presionado mucho para que lo acabara, pero la literatura tiene su propia vida e insiste en bailar a su propio ritmo. Es como una rueda con doce radios; el combustible que hace girar la rueda es una extraordinaria mujer que ha tenido cincuenta relaciones amorosas, que podría haberse casado con cualquiera, pero que durante doce años ha amado a un hombre mayor que no puede casarse porque ya está casado, y que no va a divorciarse porque aspira a ser el siguiente presidente de los Estados Unidos.

 

Entonces dejó de trabajar en Plegarias atendidas...

 Sí, un hecho que no tenía nada que ver con las reacciones que algunas partes del libro ya publicadas suscitaron en el público. El alto se produjo porque sufría una crisis creativa y personal al mismo tiempo que alteró mi concepción del acto de escribir, mi actitud hacia el arte y la vida, y el equilibrio entre ambos, y mi concepción de la diferencia entre lo que es verdad y lo que realmente es verdad.

 

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?

 Me gusta leer. Siempre me ha gustado. He admirado a Flannery O´Connor, Norman Mailer, William Styron, Eudora Welty, Katherine Anne Porter, el primer Salinger... Nunca me gustaron las novelas de Gore Vidal, pero cuando no escribe ficción es un autor de primera. Desde hace más o menos diez años prefiero leer a escritores que ya he leído. Como un vino que ya conoces. Proust. Flaubert. Jane Austen. Raymond Chandler (uno de los grandes artistas americanos), Dickens. También soy muy aficionado al cine, aunque a menudo me voy a mitad de la película. Prefiero trabajar por las mañanas, generalmente unas cuatro o cinco horas, y luego, si estoy solo en una ciudad, en cualquier ciudad, me cito con algún amigo para ir a comer a alguno de mis restaurantes favoritos. Para mí es el momento más importante. Prefiero hacerlo con mujeres hermosas, o al menos muy atractivas, y también han de ser perspicaces y estar al día. Me gusta estar solo. Me gustan los coches veloces, los moteles solitarios, con sus máquinas de hielo y su anonimato lleno de misterio...

        

¿Qué piensa del fracaso?

 Es el condimento que le da sabor al éxito. No, he probado esa peculiar cicuta, ese amargo cáliz (sobre todo cuando trabajé en el teatro) lo bastante como para despreciarlo ahora. En estos momentos me importa un pito lo que nadie diga de mí, ni en privado ni en letra impresa. Naturalmente, no pensaba lo mismo cuando era joven y comencé a publicar. Y tampoco ahora es cierto que nada me afecte: si me traiciona alguien a quien quiero, experimento un auténtico trauma. Por lo demás, la derrota y la crítica me son indiferentes, tan lejanas como las montañas de la luna.

 

¿Es usted una persona sincera?

 Como escritor, sí..., o eso creo. En privado..., bueno, eso ya es opinable; algunos de mis amigos creen que cuando relato un suceso o una noticia, tiendo a transformarla y a elaborarla en exceso. Yo simplemente llamo a eso "darle un poco de vida". En otras palabras, se trata de una forma de arte. El arte y la verdad no son necesariamente compatibles.

                                                               

(Parte de esta entrevista está tomada de los textos que componen Los perros ladran, publicado  por Anagrama)