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¿Qué libro recomiendas?

 

Este espacio es para las “recomendaciones librescas” que aportéis. Dinos qué libro (de cualquier época) te ha cautivado y por qué (haz un breve comentario de pocas líneas).

 

 

Entre La soledad era esto, de Juan José Millás y La invención de la soledad, de Paul Auster, por  Javier García Viñao  

 

 Mi intención era recomendar un libro de Paul Auster, bien La música del azar, bien Fantasmas. Destacar sus mundos irreales, sus personajes absurdos inmersos en situaciones enrarecidas, gracias al lenguaje aparentemente sencillo y actual (casi se podría pensar estúpidamente que escribe decenas de folios sin pararse a meditar), y al tratamiento de los personajes entre los que se incluye él mismo sin pedantería alguna. Sus libros parecen tan cercanos y lógicos que es imposible apartar los ojos de sus palabras para intentar descifrarlas. También quería hablar de sus libros dentro de sus libros, de sus personajes que leen Los viajes de Marco Polo o que buscan a otros personajes entre las calles de Nueva York, de sus justicias individuales al margen de cualquier sistema, de la novela policiaca.

   Pero entonces, me acordé del Paul Auster español, de Juan José Millás. Sin darme cuenta me descubrí escribiendo las semejanzas y diferencias de ambos. Paul Auster nació en 1947, en New Yersey, y años después viajó a Francia donde se consagró como escritor y traductor; largo viaje, laberíntico viaje interno. Un año antes nació Juan José Millás, 1946, en Valencia y a temprana edad se trasladó a Madrid donde reside y ha crecido como escritor. Corto viaje, vertiginoso viaje interno. Son datos que se traducen en hechos e influencias. Auster comienza su carrera con una trilogía dentro de una ciudad, Nueva York, donde enclaustra a sus personajes hasta hacerles contar toda la verdad bajo la presión de las antiguas novelas negras, pero, poco después sus voces cogen las maletas y viajan hasta desfallecer, corren por carreteras en busca de sus destinos sin pensar en el mañana, son seres valientes, con temores y ambiciones tan reales como abstractas. Su espíritu descubridor trasciende. Millás es más estático, asienta a sus criaturas en Madrid o en un cúmulo de calles en las que se permiten dejar correr sus sentimientos; sin moverse de casa sus personajes viajan más lejos y son peligrosamente femeninos. Con el madrileño hay que releer los párrafos en ocasiones para recordar lo que siempre hemos sabido. Pero, tanto unos seres como otros  poseen un mundo interior tan similar que asusta y facilita la confusión de sus pensamientos; en ocasiones se hace difícil diferenciar los párrafos. Ambos utilizan las palabras "realidad" y "soledad" en miles de ocasiones. Tratan la soledad como el hueco más difícil de tapar, ya que la carga que sostienen sus personajes es tan incómoda y compleja que se necesita un libro para desenmarañarla, y así necesitan cubrirla con subterfugios y psicoanálisis. Ambos juegan a sorprenderse a sí mismos mientras escriben, juegan a escribir libros y a ser escritores, pero sobre todo, juegan con las historias y con los lectores. Usan los muertos a su antojo, ven la muerte desde tan cerca que casi les muerde y se ríen de la vida cotidiana. Se mueven entre la duplicidad, las casualidades; se bañan en alcohol con resaca y mentes contradictorias. Conocen tan bien a sus personajes que no les cuesta crear todo un pasado para ellos, demasiado estrecho para su futuro inmediato, lo que les facilita un devenir expectante. Hablan de sentimientos de una manera tan jodida y aparentemente fácil, que te hacen sentir que eres uno de ellos, incluso que te han robado tus propios pensamientos mientras dormías, eso sí, los inconfesables.