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PRESENTARSE A UNA EDITORIAL

por Lola S. Morilla

 

 

 

Se sabe que es complicado hoy en día acceder a una editorial, puente natural entre el autor y el lector. Aunque consiga editor, el autor suele verse acosado por un contrato desfavorable. Así y todo, en este caso nos remitimos exclusivamente al aspecto formal del tema. Más adelante, trataremos la problemática existente al respecto: las dificultades para conseguirlo, la lucha posterior, y otras variantes.

 

Verlaine afirmaba que sólo se podía dar por concluido un libro cuando éste pasaba a manos del editor.

Mucha gente se pregunta cuál es el criterio de selección  a seguir por la editorial, por qué unos libros se publican y otros no. Entre otros impedimentos, las editoriales tienen un tope de publicaciones anuales al cual deben ajustarse. Cada una tiene su sistema de trabajo, pero hay pautas comunes que comentamos a continuación.

Las vías para entrar en contacto con una editorial son variadas:

· A través de algún certamen.

· Mediante el envío directo de un manuscrito.

· Mediante  una recomendación personal.

· Por conocimiento previo e iniciativa del mismo editor.

· Por medio de un agente literario.

Para un autor primerizo, la vía más efectiva es la de la recomendación y, en segundo lugar, la del premio.

También se puede enviar a la editorial un resumen de la obra escrita. El texto debe corresponder a una parte representativa del libro, nunca debe enviarse la introducción o el primer capítulo. En general, el resumen se distribuye a los diferentes departamentos de la editorial para estudiar su posible interés.

Como siempre, resumen o manuscrito completo deben estar registrados previamente en el Registro de la Propiedad Intelectual existente en cada provincia.

 

Quién decide la publicación

En la mayoría de las editoriales es un primer responsable o un comité de lectura el que determina qué obras pueden tener algún interés para la editorial. Los integrantes de este comité suelen ser profesionales de la literatura. En el caso de que interese se efectúa una lectura más compleja: se da a leer a varios lectores y éstos realizan un informe. Más tarde y según los informes es leída por un responsable en el tema. En este caso, la obra puede leerse varias veces antes de tomar una decisión, finalmente es el editor quien la lee y decide si será publicada o no. En las editoriales pequeñas, el editor consulta con un lector especializado o él mismo lo decide directamente.

Dicho comité o editor siguen unos pasos concretos, generalizados, a la hora de seleccionar una obra. Son los siguientes:

 

· La obra debe estar en la línea de la editorial:

Las obras que no se ajustan a la línea editorial son directamente devueltas. A la obra que sí se ajusta se le hace una lectura rápida, observando el estilo y el desarrollo. Si no cumple los pasos siguientes se devuelve con un carta al autor:

 

· La calidad en el uso del lenguaje.

· La historia debe ser interesante y bien narrada.

· La originalidad.

En este punto, tener en cuenta lo que decía Goethe: “La originalidad no consiste en decir cosas nuevas, sino en decirlas como si nunca hubiesen sido dichas por otro”.

 

El tiempo que transcurre desde la entrega del manuscrito a la editorial hasta la emisión de una respuesta puede ser desde unos quince días a varios meses. En el caso de que pasados varios meses no se haya recibido noticia alguna, podemos ponernos en contacto telefónico con la editorial para que nos informen sobre la valoración de la obra.

 

Si la obra ha gustado al editor el primer gran paso ya está dado. A partir de este momento comienza la relación con el editor.

Dice Jorge Herralde: “la emoción de la lectura de un buen escritor inédito es “droga dura”, “caza mayor”, “fórmula uno”, “el instante de la emoción verdadera”. Descubrir una “voz propia”, seguirla a lo largo de las cuartillas, acechar con temor posibles grietas o derrumbes inapelables, jalear en silencio al escritor de fondo, aplaudir el feliz remate de la faena. Cuando esto sucede, para algunos editores entre los que temo contarme, resulta compensación suficiente (o al menos así se siente en el momento) respecto a futuros agravios estadísticamente previsibles.”

Las relaciones que se  establecen entre el autor y el editor pueden basarse en la amistad, como ocurre en numerosos casos, pero ha de tenerse en cuenta como dice Ramón Carnicer, que “si el autor ha invertido un tiempo en la realización de su obra -tiempo valorado muy aleatoriamente hasta tanto no se vea la respuesta de los lectores- el editor va a invertir una importante suma de dinero al publicarla. Oferta y demanda se atienen así al sesgo comercial dominante en el mundo de la edición.”

 

Recomendaciones

Para finalizar, anotamos cinco recomendaciones ofrecidas por Avelino Hernández a la hora de abordar a una editorial:

“Primero y principal: conseguir una opinión generalizada, que no sea la tuya, acerca de la buena calidad del libro que has escrito.

Segundo: dar con los procedimientos habilidosos que permitan transitar por los vericuetos de acceso a aquel editor de entre los conocidos sobre cuya mesa quieres que llegue a yacer tu texto.

Tercero: descubrir el arte de que, una vez allí, dicho yacer dure más que el tiempo que tarda normalmente en ser devuelto un paquete postal; y que no se convierte tampoco en el sueño de los justos. ¿Qué mano amiga puede alcanzar que manden que te lean?

Cuarto: si todo fue bien en ambos pasos previos, que el lazo contractual no sea más insatisfactorio que lo que marca la ley vigente (o la que está por aprobar).

Quinto: que salga, finalmente, si no cuando tú consideres el momento mejor, sí al menos cuando te han dicho.”