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MARGUERITE DURAS

 

   

La mirada de Marguerite Duras es una cámara que fija escenas concisas y contundentes. Lo demuestra en su novela El amante, “ampliada” en El amante de la China del Norte: muchas frases simulan movimientos de  cámara, las escenas son cinematográficas. Rechaza los textos cargados. Corta: dice mucho con poco. ¿Por qué escribe? Mediante la escritura investiga la pasión y su técnica consiste en hurgar -como si empleara un punzón- en situaciones aparentemente intrascendentes. Transgresora. En la vida y en la producción literaria. Sus ideas son singulares vías para la reflexión y nos obligan a tomar apunte.

 

“Debiera existir una escritura de lo no escrito. Un día existirá. Una escritura breve, sin gramática, una escritura de palabras solas. Palabras sin el sostén de la gramática. Extraviadas. Ahí, escritas. Y abandonadas de inmediato."

 

 

Cómo llega la escritura

La escritura literaria es la que plantea un problema a su autor. Pero de dónde “viene” esa escritura: entre otras cosas, de los pensamientos.

Los pensamientos llegan. Pensamientos nacientes y renacientes, cotidianos, siempre los mismos, que llegan atropelladamente, toman vida y respiran en un universo abierto a los confines vacíos y entre los cuales uno, sólo uno, llega con el tiempo, por fin, a leerse y a verse un poco mejor que los demás...

La escritura llega como el viento, está desnuda, es la tinta, es lo escrito, y pasa como nada pasa en la vida, nada, excepto eso, la vida.

Hallarse en un agujero, en el fondo de un agujero, en una soledad casi total y descubrir que sólo la escritura te salvará.

Hay una locura de escribir que existe en sí misma, una locura de escribir furiosa, pero no se está loco debido a esa locura de escribir. Al contrario.

 

"Escribir a pesar de todo pese a la desesperación. No: con la desesperación"

 

Realidad igual sueño

"El crepúsculo caía a la misma hora durante todo el año. Era muy corto, casi brutal. Durante la estación de las lluvias, durante una semana, el cielo no se veía, estaba cubierto por una niebla uniforme que ni siquiera la luz de la luna atravesaba. Durante las estaciones secas por el contrario el cielo estaba desnudo, despejado en su totalidad, crudo. Incluso las noches sin luna eran luminosas. Y las sombras se dibujaban por igual en los sueños, en las aguas, en los caminos, en los muros."

 

La muerte de una mosca: es la muerte. Es la muerte en marcha hacia un determinado fin del mundo, que alarga el instante del sueño postrero. Vemos morir a un perro, vemos morir a un caballo, y decimos algo, por ejemplo, pobre animal... Pero por el hecho de que muera una mosca, no decimos nada, no damos constancia, nada.

 

Por qué escribo

Escribo debido a esa capacidad mía para mezclarme con todo, a todo, a esa capacidad para estar en ese campo de la guerra, en ese teatro vacío de la guerra, en el desarrollo de esta reflexión, y ahí en el desarrollo que gana terreno a la guerra, muy lentamente, la pesadilla en curso de esa muerte del joven niño de veinte años de edad, muerto con los árboles del bosque normando, de la misma muerte, ilimitada.

 

Valorar lo propio

Algunos escritores están asustados. Tienen miedo de escribir. Lo que ha ocurrido en mi caso, quizás haya sido que nunca he tenido miedo de ese miedo. He hecho libros incomprensibles y han sido leídos. Hay uno que he leído recientemente, que no había releído desde hace treinta años, y que me parece magnífico. Se titula La vida tranquila. Lo había olvidado por completo, excepto la última frase: “Nadie había visto al hombre ahogarse, excepto yo”. Es un libro hecho de  un tirón, en la línea trivial y muy lóbrega de un asesinato. En ese libro se puede ir más allá del mismo libro, del asesinato del libro. Se va no se sabe adónde, hacia la adoración de la hermana seguramente, la historia de amor de la hermana y del hermano, otra vez, sí, la de la eternidad de un amor deslumbrante, desconsiderado, castigado.

 

Ser escritor

Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. No habla mucho porque es imposible hablar a alguien de un libro que se ha escrito y sobre todo de un libro que se está escribiendo. Es imposible. Es lo contrario del cine, lo contrario del teatro y otros espectáculos. Es lo contrario de todas las lecturas. Es lo más difícil. Es lo peor. Porque un libro es lo desconocido, es la noche, es cerrado, eso es. El libro avanza, crece, avanza en las direcciones que creíamos haber explorado, avanza hacia su propio destino y el de su autor, anonadado por su publicación: su separación, la separación del libro soñado, como el último hijo, siempre el más amado.

 

El ojo-cámara

Registra y describe el lugar, los objetos, ciertos detalles, gestos, no aclara más de lo que ve.  El truco: el lector lo configura según los datos objetivos que le da el narrador.

 “Tiempo nublado.

Los ventanales están cerrados.

Desde el lugar que él ocupa en el comedor no se puede ver el parque.

Ella, sí, ella ve, ella mira. Su mesa toca el borde de los ventanales.

A causa de la luz molesta entrecierra los ojos. Su mirada va y viene. Otros clientes también miran esos partidos de tenis que él no ve.

El no ha pedido que le cambien de mesa.

Ignora que la miran.

Esta mañana llovió hacia las cinco.

Hoy las pelotas rebotan en un tiempo blanco y pesado. Ella lleva un vestido de verano.

Delante de ella está el libro. ¿Empezado después que él llegara? ¿O ya antes?

Cerca del libro hay dos frascos de píldoras blancas. Las toma en cada comida. A veces abre el libro. Luego lo cierra casi enseguida. Mira el tenis.

En otras mesas otros frascos, otros libros.

Los cabellos son negros, grises, negros, lisos, no son hermosos, secos.”

                                                        (De Destruir, dice)

 

              (Algunos fragmentos han sido extraídos de Escribir, Marguerite Duras, Tusquets)