La versión de su navegador no está debidamente actualizada. Le recomendamos actualizarla a la versión más reciente.

 

 

 

 

LA TRANSFORMACIÓN DE LOS SUEÑOS

  por   Ariel Rivadeneira

 

   Mientras dormimos, nuestro inconsciente trabaja. Elige, selecciona, descarta, entrecruza diferentes fragmentos -muchas veces incomprensibles-de nuestra historia y elabora el “sueño”. La fantasía se instala entre nosotros y la imaginación se ocupa del resto. Si situamos los sueños dentro del  territorio de la ficción, éstos se convierten en un excelente material de archivo. Convertir nuestros sueños en historias escritas es otorgarle una organización al delirio. “¡Qué sueño tan loco tuve anoche!” (un texto fantástico). “¡Qué pesadilla!” (uno de terror). “Soñe contigo, pero mejor no te lo cuento” (erótico). La literatura universal cada noche en nuestra cama.

 

   Al respecto, dice Sigmund Freud, en El poeta y la fantasía, que “el soñador oculta cuidadosamente a los demás sus fantasías porque tiene motivos para avergonzarse de ellas. (...) aunque nos las comunicase no nos produciría con tal revelación placer ninguno. Tales fantasías, cuando llegan a nuestro conocimiento, nos parecen repelentes, al menos nos dejan completamente fríos.

  En cambio, cuando el poeta nos hace presenciar sus juegos o nos cuenta aquello que nos inclinamos a explicar como sus personales sueños diurnos, sentimos un elevado placer, que afluye seguramente de numerosas fuentes. Cómo lo consigue el poeta es su más íntimo secreto; en la técnica de la superación de aquella repugnancia, relacionada indudablemente con las barreras que se alzan entre cada “yo” y las demás, está la verdadera “ars poética”. ¿Debemos realmente arriesgar la tentativa de comparar al poeta con el hombre “que sueña despierto”, y comparar sus creaciones con sueños diurnos?”

Agrega que los escritores de novelas y cuentos imponen sus ensueños (tal vez, sus deseos reprimidos) como centro de sus creaciones, en las que hayamos un rasgo singular: tienen un protagonista que constituye el foco del interés y es al que protegen. Dice: “Cuando al final de un capítulo novelesco dejamos al héroe desvanecido y sangrando por graves heridas, podemos estar seguro de que al principio del capítulo siguiente lo encontraremos solícitamente atendido y en vías de restablecimiento; y si el primer tomo acaba con el naufragio del buque en el que nuestro héroe navegaba, es indudable que al principio del segundo tomo leeremos la historia de su milagroso salvamento, sin el cual la novela no podría continuar. El sentimiento de seguridad, con el que acompañamos al protagonista a través de sus peligrosos destinos, es el mismo con el que un héroe verdadero se arroja al agua para salvar a alguien que está en trance de ahogarse, o se expone al fuego enemigo para asaltar una batería; (...) a mi juicio, en este signo delator de la invulnerabilidad se nos revela sin esfuerzo su majestad el “yo”, el héroe de todos los ensueños y de todas las novelas”.

Otros rasgos típicos de estas narraciones egocéntricas indican la misma afinidad. El hecho de que todas las mujeres de la novela se enamoren del protagonista no puede apenas interpretarse como una posible realidad, pero sí desde luego comprenderse como elemento necesario del ensueño. Y lo mismo cuando las demás personas de la novela se dividen exactamente en dos grupos: “los buenos” y “los malos”, con evidente renuncia a la variedad de los caracteres humanos, observable en la realidad. Los “buenos” son siempre los amigos, y los “malos”, los enemigos y competidores del “yo”, convertido en protagonista.”

 

Fórmula para poetizar un sueño

El pintor Paul Klee soñó lo siguiente: “En la noche del 30 de junio de 1925 tuve un sueño de una nitidez extraordinaria. En el ángulo de dos muros, bajo un techo voladizo, había un voluminoso nido de pájaros. Pero estaba habitado por una familia de gatos. Los pequeños eran ya bastante grandes, podían tener cuatro semanas. Uno de ellos, un gatito atigrado de color oscuro, dejaba colgar imprudentemente sus cuartos traseros fuera del nido.

Por debajo de éste corría a lo largo del muro un salidizo muy estrecho, por donde la madre pasaba para ir desde el nido a una ventana abierta. La idea de que los gatitos harían su primera salida por este pasadizo peligroso me angustiaba, y me preguntaba cómo sería posible eliminar el peligro.

A continuación me vi corriendo por un jardín. Con gran esfuerzo arreglaba algo de lo que esperaba que salieran frutos. Pero he aquí que llegó un perro corriendo, se revolcó sobre mi trabajo y lo destruyó, sirviéndose de su hocico para removerlo todo. Se asombraban de que yo le dejara hacer, pero yo le excusaba diciendo que ‘era un especialista`”.

 

    Para aprovechar los materiales que un sueño nos ofrece debemos desmontar el sueño: apuntarlo ni bien nos despertamos, no detenernos a pensar y escribir todo lo que recordemos.

       Después de un tiempo lo releemos y separamos las partes elementales que lo componen.

En el sueño de Klee, serían: el nido de pájaros convertido en nido de gatitos; el camino estrecho; el deseo de eliminar el peligro; la aparición de un perro en un jardín.

Son estos materiales diferenciados los que nos permiten el pasaje del sueño a un posible cuento producido por la selección y combinación de los mismos.