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Jean Rhys

 

“Creo que escribo sobre mí misma porque es lo único que verdaderamente conozco”

 

El personaje principal en casi toda su obra es una mujer que parece seguir paso a paso el camino de su creadora: desde una niñez en las Indias Occidentales. a través de la penosa vida en el escenario de provincias en la Inglaterra anterior a la Primera Guerra, hasta una vejez solitaria en la campiña inglesa.

Nació en Dominica, en 1894 y  publicó sus primeros relatos, Cuarteto; Adiós, señor Mackenzie; Buenos días, medianoche y Viaje en la oscuridad y luego desapareció durante treinta años, para emerger de su retiro cuando la BBC hizo una adaptación radial de su novela Buenos días, medianoche, y anunció: "Por favor que Jean Rhys o cualquier persona que conozca su paradero se ponga en contacto con Sasha Moorsorm Features Department, BBC, por asunto relacionado con la emisión de ..." y publicó su novela más famosa, El ancho mar de los sargazos y una biografía de la  esposa loca de la novela Jane Eyre, de Charlotte Bronté.

 

Escribo para olvidar, para librarme de los momentos tristes.  Una vez que los escribía, desaparecían.

 

Cuando estaba excitada por la vida, no quería escribir en absoluto.  Nunca he escrito siendo feliz.  No deseaba hacerlo.  Pero nunca he tenido un período de felicidad prolongado. ¿Usted cree que alguien lo tiene? Creo que una puede estar tranquila durante largo tiempo.  Cuando lo pienso, si tuviera que elegir, prefiero ser feliz a escribir. Verá, hay poca invención en mis libros.  Lo que primero apareció, en casi todos ellos, fue el deseo de liberarme de esa horrible tristeza que me tiraba abajo.  Cuando era niña descubrí que si podía ponerla en palabras, desaparecía. Deja una especie de melancolía y desaparece.  Creo que fue Somerset Maugham el que dijo que si algo se 'ahuyenta escribiéndolo"... ya no perturba tanto.  Es posible que una quede con una vaga melancolía, pero al menos no es desdicha... supongo que es algo así como cuando un católico va a confesarse, o como el psicoanálisis.

Escribir también puede ser muy excitante. Cuando una está verdaderamente en el estado de ánimo apropiado para escribir, se escribe sin desearlo aparentemente.  Pero no siempre ocurre así. A veces es una lucha, y es muy agotador.

En Viaje a la oscuridad, la heroína, ha nacido como yo en las Antillas, se convierte en corista y viaja por las sombrías ciudades de las provincias inglesas, es desflorada por un rico inglés que la quiere y luego la abandona.

Lo escribí porque me aliviaba.  Nunca escribí por dinero al principio.  Escribí la base de Viaje en la oscuridad mucho tiempo atrás. Lo escribí en varios cuadernos y después lo abandoné durante años.  Alguien describió el resultado como "impublicablemente sórdido pero con sensibilidad y persuasión"... así que me dediqué a otras cosas.  Después, veinte años más tarde, el destino hizo que volviera a ocuparme de eso.  En realidad no había escrito un libro: era más o menos una maraña de hechos. A partir de las notas que había escrito años antes logré armar Viaje en la oscuridad. El contraste entre el soleado paisaje caribeño y el sombrío paisaje inglés es muy conmovedor en Viaje en la oscuridad. Árboles de mango, hamacas, sombras de color malva, mar purpúreo, y la lucha por no tener una mancha oscura debajo de los brazos mientras se pone los guantes... el trabajo de ser una dama El libro da brillantes imágenes de lo que todo eso debe haber sido. Todo está un poco románticamente planteado.  Ahora estoy intentando volver a hacerlo tal como realmente era.  Para mis memorias. Espero haberlo logrado. Tal vez sea un poco aburrido.

 

Las cosas que una recuerda no tienen forma

Cuando se escribe sobre ellas, hay que darles un principio, un medio y un final.  Darle forma a la vida... eso es lo que hace un escritor.  Eso es lo que lo hace tan difícil.

Toda la atmósfera de París me ayudó, y aprendí a leer poesía francesa bastante bien. Todo eso sin duda influyó sobre mí.  Pero Ford me ayudó más que nadie: "¡Haga esto! ¡No haga aquello!".  Insistió en que leyera libros franceses y creo que me ayudaron mucho.  Tenían claridad. Ford siempre decía que cuando una no estaba segura de algún pasaje, debía traducirlo a otro idioma. Si resultaba completamente tonto, había que librarse de él. El inglés puede ser tan impreciso. 

Trato de ser más o menos veraz, aunque supongo que todo está un poco románticamente distorsionado. El incidente que aparece en El ancho mar de los sargazos, en un estanque de los bosques con la muchacha negra, Tía, es algo que tal vez haya ocurrido. Pero la muchacha no me robó el vestido mientras nos bañábamos. Eso fue ficción.

Supongo que lo fantástico es lo que una imagina, pero en cuanto se hace algo fantástico deja de serlo, se convierte en algo real. La realidad es lo que recuerdo.

 

Se puede imponer a la realidad lo que se siente

Como cuando sentí que me disgustaba tanto Inglaterra.  Era lo que sentía lo que hacía que me disgustara.  Ahora doy mucha importancia a la parte buena de las Indias Occidentales, y como que más o menos he olvidado la otra parte, como ir al dentista, que sólo iba de tanto en tanto a la isla.  Estoy intentando escribir sobre la belleza del lugar y sobre cómo lo veía.  Y sobre cómo lo veía cuando era niña.  En eso he estado trabajando.  Es una lucha.  Ya no puedo dedicarle mucho más tiempo.

Escribir sobre mis relaciones con la gente negra de Dominica es muy complicado, porque al principio odiaba a mi niñera.  Una mujer horrible.  Ella fue quien me contó espantosas historias de zombis y de sueriants, los vampiros; me asustó completamente. Siempre desconfié un poco de los negros. He tratado de escribir sobre el modo en que gradualmente empecé a envidiarles un poco. Eran tan fuertes.  Podían recorrer grandes distancias a pie sin cansarse, me parecía, y cargar todo ese peso sobre la cabeza.  Iban a bailar todas las noches. Usaban turbantes. Tenían bellísimos vestidos con un cinturón para plegar la cola, aunque estaba hecha de papel y crujía cuando las mujeres se movían.  Mi preocupación principal era que se esperaba que me casara.  Pensé, Dios mío, ¿qué haré?  Al principio dudaba de que alguna vez recibiera una propuesta. Después supe que estaba obligada a casarme, porque de otra manera sería una solterona, y eso sería perfectamente espantoso. Esa preocupación me volvió muy reprimida. Pero la gente negra no se preocupaba para nada por eso. Tenían bandadas de hijos y no se casaban. Yo les envidiaba eso.

 

Hay  palabras que desaparecen

Mi lema es 'no atormentar". No quiero que me sorprendan ni me consternen ni me enfurezcan, ni me hagan preocupar por nada.  Muchas palabras que solían ser bastante comunes ya no se escuchan.  Es triste en el caso de palabras que significaban mucho. Me refiero a palabras como "espléndido".  Nadie dice que algo es "espléndido". Una no dice que una cosa es espléndida, o que una persona es espléndida. ¿Usted sí?  El esplendor ha desaparecido.  Lo magnífico ha desaparecido.

 

Pensé que escribiría la historia como podría haber sido

Siendo niña, cuando leí Jane Eyre, pensé: ¿por qué cree ella que las mujeres créoles son lunáticas y todo eso?  Qué vergüenza hacer que la primera esposa de Rochester, Bertha, fuera la espantosa loca, e inmediatamente. Ella parecía un pobre espectro. Se me ocurrió que intentaría escribirle una vida. Charlotte Bronté debe de haber tenido un interés especial en las Indias Occidentales, porque el lugar aparece en muchos libros suyos, como Villette. Por supuesto, en una época, las Indias Occidentales eran muy ricas, y se hablaba de ellas mucho más que ahora.

Lucho con... ¿la eternidad? Ahora no lucho contra el olvido.  Me siento muy aislada.  No estoy segura de que los hombres necesiten a las mujeres, pero estoy segura de que las mujeres necesitan a los hombres. Pero la soledad es un componente de la escritura, ¿no es cierto?  Aunque si una no ve a nadie, semana tras semana, puede volverse algo muy duro.  Si llaman a la puerta, espero que sea algún maravilloso desconocido.  Corro a la puerta. Pero es tan sólo el cartero. Estoy un poco deprimida con esta autobiografía.  Cuando la empecé escribí mucho sobre los años que siguieron a mi llegada a Inglaterra, cuando ya era bastante adulta, y sobre mi época en Francia. En la década de 1920 París era un lugar muy interesante. Por supuesto, me encantó alejarme de Inglaterra. Me gusta París. Hice amigos.  Siempre que tenía dinero, volvía corriendo a París. Era como que me levantaba el ánimo.  Es rosa, sabe, no azul ni amarillo; no hay nada como París en ninguna otra parte. Volví en 1939, justo antes de la guerra. El editor llamó por teléfono para decirme lo encantado que estaba, y yo me sentí muy esperanzada. Pero entonces estalló la guerra, y no querían libros... Y después se me ocurrió la idea de que quería escribir sobre las Indias Occidentales tal como eran, como yo las recordaba. Y eso me resulta muy difícil, y además siento que nadie va a creerme. Mi editora ha visto algo así como un borrador, y le gusta, pero no estaba bien. Y todavía no he conseguido que esté bien.

No puedo encontrarle título. Siempre he sabido el título de antemano, pero esta vez no es así.  Tengo un título, pero a los editores no les gusta.  Ellos quieren que el libro se llame Smile Please (Sonríe, por favor), pero yo quiero llamarlo And the Walis Came Tumbling Down (Y los muros se desmoronaron). 

Estoy leyendo un libro de Daphne du Maurier.  Es una buena escritora; me gusta el hombre que escribió De Rusia con amor... Ian Fleming.  Es alguien que puede alejar al lector de todo, cuando una está aburrida y triste.  Algunos libros verdaderamente pueden apresarnos. Es maravilloso. Los thriuers son mis favoritos ahora. Debo decir que los norteamericanos imaginan unos horrores espantosos. Pero a mí también me gustaría evadirme. Siempre estoy pensando en algún lugar adonde huir, como el desierto, o Marruecos.  Pero no tengo auto, así que no puedo conducir.  Eso significa que siempre estoy encerrada aquí.  Pero ya sabe, una se atasca en la rutina. No son amables con las mujeres en Marruecos, o tal vez eso sea una exageración. Una piensa en eso como algo exagerado.

Estoy empezando a sentir que no quiero seguir haciendo un striptease mental.  Y eso significaría romper todo lo que he escrito.  No me importa escribir acerca de cuando era una niña, pero no sé por qué habría de seguir escribiendo tanto sobre mí misma.  He tenido una vida bastante errática, pero el otro día estaba pensando, por qué volver a pasar por todo eso, creo que no.

 

                                      (de una entrevista realizada por Elizabeth Vreeland)