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¿CÓMO INVENTO UN TÍTULO?

 

El título constituye un texto independiente. Es un género aparte; un ejercicio de concisión y condensación. Realizar la lectura exclusiva de títulos, al recorrer las mesas de una librería, es un estímulo para inventar uno. Contar con él, nos permite soñar con el futuro libro. Entre los papeles de Charles Baudelaire se encontraron abundantes títulos para futuras obras que nunca escribió.

 

 

 

¿Qué mecanismos probar?

Según Juan José Millás el título es “el primer rostro de la novela”. Entre los muchos mecanismos empleados por los escritores señalamos los siguientes:

 

· Trabajar con la síntesis

 

Sintetizar el relato o la novela en una línea es un método que proporciona títulos. Si bien es imposible sintetizar un poema pues él mismo implica la máxima economía de lenguaje, la sensación que lo rige puede convertirse en  título.

 

· Extraerlo de otro lado

Adueñarse de un verso, una frase, un fragmento de otro autor y emplearlo como título de la propia obra, es una idea. Entre otros, lo ha hecho Ernest Hemingway: Adiós a las armas pertenece a un poema de George Peele y Por quién doblan las campanas proviene de  un poema de John Donne. El mismo autor dice: “Cuando he terminado una historia o un libro, hago una lista de títulos; a veces de hasta cien. Luego elimino, y a veces termino eliminándolos todos”. El viejo y el mar es el resultado de un proceso de eliminación. París era una fiesta lo encontró su mujer, Mary, en una carta que Hemingway escribió a un amigo: “Si has tenido la suerte de vivir en París de joven, entonces, allá donde vayas el resto de tu vida, te perseguirá; París es una fiesta móvil”.

El ruido y la furia, de William Faulkner, está extraído de la quinta escena del acto V, de Macbeth: “Es una fábula contada por un idiota, llena de ruido y de furia que no quiere decir nada”.

Otra posibilidad:

Se consiguen buenos títulos de los fragmentos de conversación que llegan a nuestros oídos a cada momento. Prestemos atención a los cientos de palabras que “vuelan” a nuestro alrededor y estemos listos para apuntar. Por ejemplo; “no sé si hacerlo”; “su marido era transparente”; “sin trampa”, recogidos al pasar, por la calle, ¿no podrían encabezar y provocar un relato?...

 

· Por cuestiones “editoriales”

 

Muchos editores sugieren o intentan imponer el título que les parece vendible. Así, El Gran Gatsby, de Scott Fitzgerald no lo creó él, que a Gatsby lo llamó Trimalchio y había elegido Trimalchio in West Egg, sino su editor, Margaret Mitchell, autora del best-séller Lo que el viento se llevó, había elegido Pansy en lugar de este último.

Pero Dashiell Hammet mantuvo su título  El halcón maltés, aunque su editor insistía en  que la palabra “falcon” era difícil de pronunciar y que “si un lector no podía pronunciar bien un nombre le daba vergüenza entrar en una librería y pedir el libro”.