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CÓMO ESCRIBÍA, CÓMO ESCRIBE...

por Ariel Rivadeneira

 

Un escritor clásico y uno actual nos cuentan “cómo lo hacen”, de modo que vosotros podréis tomar ideas, reflexionar sobre vuestro trabajo y plantearos “cómo lo hago”

 

 

El clásico: Ian Fleming:

Cómo Escribir Novelas de Suspensohttp://www.enter-art.com/textosentido/images/spacer.gif

El mundo de James Bondhttp://www.enter-art.com/textosentido/images/spacer.gif

 

Mi obra no tiene intención de cambiar a la gente o hacerla comportarse de una determinada manera. Está escrita para heterosexuales de sangre caliente, durante largas travesías en tren, en aeroplanos o en camas de hotel. Si usted desea convertirse en un escritor profesional debe decidir si va a escribir por fama, por placer o por dinero. Debo confesar, sin pena ninguna, que escribo por placer y por dinero. Igualmente, siento que, mientras las novelas de suspenso pueden no ser consideradas literatura con "L" mayúscula, es posible escribirlas de tal forma que puedan ser "Leídas como tal". Esto ya ha sido logrado por personajes como: Edgar Allan Poe, Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Eric Ambler y Graham Greene. Y no veo nada de malo en tratar de apuntar tan alto como ellos.

 

El arte del bestseller de suspenso

He decidido escribir por dinero tratando siempre de mantener ciertos parámetros en mi escritura: una prosa directa, una gramática nada excepcional y una cierta integridad en la narrativa. Pero estas cualidades no garantizan un bestseller. Hay sólo una receta para hacer bestsellers y es bastante simple: si usted analiza con cuidado los últimos que haya leído, encontrará que tienen la siguiente cualidad: no puede usted con ellos dejar de pasar las páginas. No puede permitirse que nada interfiera con la dinámica esencial de una novela de suspenso. No puede haber nombres ni relaciones complicadas, ni viajes o geografías que confundan o irriten al lector, el cual no debe preguntarse nunca: "¿dónde estoy?, ¿quién es esta persona?, ¿qué demonios están haciendo?". Y sobre todo deben evitarse las escenas en las cuales el héroe rumia acerca de su mala suerte, revisa su lista de sospechosos o reflexiona acerca de lo que debió haber hecho o de lo que se propone hacer a continuación. Por todos los medios, escoja la escena o enumere las medidas de la heroína tan amorosamente como quiera, pero, al hacerlo, asegúrese de que cada palabra que escoja interese o haga titilar al lector antes de lanzarlo a la acción.

 

“Y sobre todo deben evitarse las escenas en las cuales el héroe rumia acerca de su mala suerte, revisa su lista de sospechosos o reflexiona acerca de lo que debió haber hecho o de lo que se propone hacer a continuación”

 

¿Qué debe ponerse en el libro? Cambios en los hábitos de Bond.

Todo aquello que excite a los sentidos. Intentar la total estimulación del lector por todos los medios posibles, hasta en sus más mínimos gustos. Por ejemplo, nunca he entendido porque en algunos libros un personaje debe comer alimentos tan simples e insignificantes. Los héroes ingleses parecen poder vivir a costa de tazas de té y botellas de cerveza y cuando realmente se sientan a comer nunca sabemos en que consiste la comida. En lo personal no soy ningún gourmet. Mi plato favorito son los huevos revueltos. En el manuscrito original de Vive y deja morir, todo lo que consume James Bond son huevos revueltos, y lo hace de tal forma que un lector perceptivo se hubiera dado cuenta de inmediato que este patrón tan rígido de comportamiento podría significar un serio riesgo a la salud y seguridad del agente secreto. Si alguien lo estuviera siguiendo, sólo tendría que entrar a los restaurantes y preguntar: "¿Estuvo alguien aquí comiendo huevos revueltos" y de esta forma saber si estaba tras la pista correcta o no. Por ello tuve que volver sobre el escrito y hacer algunos cambios en el menú.

 

“Mis tramas, aunque fantásticas, están basadas en hechos reales. Van mucho más allá de lo probable pero siempre dentro de lo posible”

 

Escribo sólo acerca de lo que me es placentero y me estimula

Mucha gente me pregunta: "¿Cómo se le ocurren esas cosas?, qué mente tan extraordinaria (y a veces sucia) debe tener usted".

Ciertamente, tengo una gran imaginación, pero todos hemos sido alimentados con historias de hadas y de aventuras durante nuestros primeros veinte años de vida, y quizá lo único que me diferencia de los demás es que yo hago dinero con mi imaginación. Los tres incidentes más fuertes en mi primera novela Casino Royale que arrastran la acción a todo lo largo del texto provienen de mi experiencia en la División Naval de Inteligencia. Sólo las manipulé un poco, añadí un héroe, un villano, una heroína, y de allí salió el libro. El primero de ellos es el atentado a la vida de Bond fuera del Hotel Splendide: La sociedad criminal Spectra ha dado a un par de asesinos búlgaros dos bolsos que deben cargar en sus hombros, uno de color rojo y otro de color azul. Les han dicho que el rojo contiene un fuerte explosivo, y el azul una cortina de humo para ayudarlos a escapar. Uno de ellos debe lanzar el que contiene la bomba mientras el otro presiona el botón del bolso azul. Pero los búlgaros deciden presionar primero este último y envolverse en la nube de humo antes de lanzar la bomba, sin saber que el bolso azul contiene también un explosivo capaz de hacerlos volar en fragmentos y con la idea de no dejar ninguna evidencia que perjudique a la organización.

Increíble, podrán decir ustedes. Pero, de hecho, este fue el método utilizado por los rusos en el atentado contra la vida de Von Papen en Ankara.

La escena del juego se formó en mi mente después del siguiente incidente: Mi jefe, el director de la Inteligencia Naval, y yo, nos encontrábamos en un vuelo a Washington en 1941 con el objeto de mantener unas conversaciones secretas con los americanos antes de que éstos entraran a la guerra. El avión debía hacer una escala en Lisboa y tendríamos que pasar la noche allí. Nuestra gente de inteligencia nos informó que el lugar estaba repleto de agentes secretos alemanes y que el cabecilla de éstos y sus dos asistentes jugaban durante todas las noches en un casino de las cercanías. Se me ocurrió que podríamos ir y darle un vistazo a esta gentuza. Fuimos y efectivamente vimos a los tres hombres en la mesa de apuestas. Me surgió la idea de apostar contra estos hombres y vencerlos, reduciendo de esta manera los fondos del Servicio Secreto Alemán. Lo intenté y en tres rondas estaba quebrado. Esta humillante experiencia aumentó mi odio hacia los alemanes y redujo la estima que mi jefe me tenía. Ese fue el incidente que dio origen a la escena en que Bond protagoniza un gran juego contra Le Chiffre, el villano de mi primer libro. Claro que aquí Bond tuvo mucha más suerte que yo.

Finalmente, la escena de tortura que describo en Casino Royale es una versión suavizada del método Franco-Marrueco conocido como Passer á la Mandoline, que fue practicado sobre muchos de nuestros agentes durante la guerra.

 

Soy muy holgazán. Quizá mucho más que usted. Y mi corazón se encoge al contemplar las doscientas o trescientas hojas de papel en blanco que debo llenar para producir un libro de 60 mil palabras más o menos bien seleccionadas. Recomiendo: 1) cuartos de hotel, como una forma de alejamiento de la vida cotidiana, en los que se puede crear ese vacío que podría forzarlo a ese estado de ánimo necesario para escribir con diligencia y aplicación; 2) mantenerse en una estricta rutina. Yo escribo cerca de tres horas en la mañana, aproximadamente de nueve a doce, y luego otra hora entre seis y siete de la tarde. Luego de esto me recompenso numerando las páginas y guardándolas en un archivador.

¿Cuál es la recompensa?

Antes que nada es financiera. Aunque no se obtiene mucho de los derechos, traducciones y esas cosas. Y a menos que sea usted un individuo incansablemente laborioso, apenas podrá vivir con las ganancias, pero si logra vender los derechos para una película, eso sí es un golpe de suerte.

Pero, por sobre todas las cosas, ser un escritor de éxito le proporcionará una vida agradable y placentera. No tendrá que trabajar todo el tiempo y podrá cargar la oficina a todas partes dentro de su cabeza. Y disfrutará mucho más del mundo a su alrededor. Escribir lo hará más vivo y, siendo el ingrediente más importante de la vida, aunque no lo perciba en la mayoría de sus semejantes, el estar vivo, esto es algo que merece la pena, aunque sólo se escriban novelas de suspenso.

 

El actual: JUAN FORN

La respiración narrativa

 

Puras mentiras es su última novela. Es de los que creen que uno de los vínculos más formidables que pueden establecerse con el prójimo es a través de contar historias y un explorador de la intimidad.

 

Contar una historia es el modo de contarla. La historia es el modo de contarla. He tomado sin pudor fragmentos de oralidad. Ramalazos visuales que he pescado por ahí, que me parecen tan elocuentes que percibo una voz detrás de esa imagen y sé que se va a convertir en literatura. La respiración narrativa se aprende de los libros tanto como de los grandes conversadores. Creo que cada persona es un enigma, y una historia sobre esa persona es una de las formas más extraordinarias de acceder a ese enigma, exista esa persona en el mundo “real” o habite ese otro de los mundos reales que son los libros. En última instancia, escribo para conocerme. Y solo puedo conocerme conociendo a los demás.

 

Transformar una anécdota en ficción

La famosa frase, “uno escribe un libro para saber exactamente de qué trata ese libro” la creo. Preferiría en algunos casos tener el argumento más claro para ahorrarme un montón de caminos secundarios que me obligan a volver. Me gusta más trabajar sobre el bruto que volcar el bruto. A veces uno está tirando y tirando a ver si sale algo y uno cree que lo que sale es materia muerta y se queda esperando a ver si late o nació muerta. Afortunadamente, como la literatura es un deporte de largo aliento y de resistencia las horas en la silla por lo general rinden. Muchas veces ese material que parecía descartable comienza a tener sus signos vitales y es cuestión de hacerle recobrar vitalidad.

Creo que toda historia es encontrar la punta del ovillo e ir tirando. Parto siempre de un flash que tiene una potencia visual bastante considerable. Y trato de encontrar el personaje. Una vez que lo tengo me guío por el criterio de Fiztgerald que dice que su táctica para apresar un personaje es encontrarle una característica central que lo rige. Y construir pinceladas que complementan o liman las asperezas para convertirlo en una personaje interesante. En mi última novela, la primera imagen fue la de un tipo que circula por la ciudad, sale de ella, va por la carretera, se detiene en un semáforo, se baja y se pregunta de dónde viene y a adónde va, la pregunta que me hago yo como escritor.

 

“Toda historia es encontrar la punta del ovillo e ir tirando. Parto siempre de un flash que tiene una potencia visual

bastante considerable”

 

 

El personaje se impone

Cuando la pregunta que me impulsa es suficientemente expresiva, el personaje se me impone. Esa imagen viene acompañada por otra. En el caso de Zabala (de Puras mentiras) sigue conduciendo, sale el sol, sale de la carretera y sigue a campo traviesa y sigue tratando de perforar el sol. Ese personaje principal estaba siempre en el centro de la escena, las demás historias no lo desplazaban. Era pasivo y yo debía descubrir el motivo de esa pasividad. Entonces me dije: este tipo está desesperado y fui hacia atrás para darle forma a esa historia que se iniciaba. Así descubrí que lo había dejado la mujer, que casi instantáneamente muere. Me di cuenta de que tenía una historia poderosa.

Además, tengo devoción por los personajes secundarios. Como lector, siento que el autor nos mezquina el desarrollo de esos secundarios. Me gusta trabajar las interrupciones que efectúan. Me gusta ese juego de equilibrio en el que le doy un poder momentáneo a un secundario.

 

Recurrir al lector ideal

Una cosa es la trama, cómo lo develo, y otra cosa es el contrato que establezco con el lector. Necesito al otro. No tengo la propiedad absoluta de mis historias, las comparto con quien lee.

El escritor es muy narcisista. A cualquier interpretación positiva de su obra, por descabellada que sea, le encuentra un viso de verdad, se las ingenia para leer entrelíneas un elogio mayor del que está recibiendo. Una andanada de buenas críticas empalaga y una mala crítica puede acompañarlo a uno durante mucho tiempo. La gran explicación la dio Hemingway cuando dijo: “No te creas las buenas críticas porque deberás creerte también las malas”.

Adscribo a esa teoría que dice que el lector ideal es aquel que por momentos es más lúcido que el autor, por momentos más tonto, vigila todo lo que uno está escribiendo y que en cuanto uno deja de entregar lo mejor que tiene, esa tensión se desvía. En la medida que ese interlocutor colabora conmigo todo crece.

 

Corregir con el lector interno

Mi lector interno es muy despótico conmigo. Con él discuto la corrección. ¿Ya está todo, le falta algo, le sobra? Es una negociación permanente. En la construcción de ese lector incidió mi trabajo en las editoriales.

El momento en que un autor entrega su original es el momento en que está muy vulnerable. Pasa de creer que su libro es formidable a pensar que es un desastre. Tiene los reflejos tan tensos que es capaz de querer rehacer todo el libro. Tuve la oportunidad de ver esto en autores consagrados. Fue un privilegio y una formación interesante.

Me parece que el mecanismo de generar intriga se basa en la dosificación estratégica y manipuladora. Muchas veces me pasa que en las primeras versiones de un texto exhibo más, luego voy enmascarando. Hay que saber intervenir de manera precisa y cortar donde haga falta.

En los finales es cuando hay que tener más paciencia. La última escena no hay que deformarla ni regodearse en ella. Hay que ser escueto y breve.

 

 

Cómo surgió Puras mentiras

“Vi” una persona huyendo de la ciudad en su auto en medio de la noche, escapando del pasado o del futuro. Creo que la novela empezó cuando el tipo supo que se quedaría sin gasolina antes de conseguir su propósito y abandonó el auto en medio del campo para seguir a pie sin sospechar lo cerca que estaba del mar ni lo que le esperaba en ese pueblo de playa llamado Pampa del Mar. Son siete capítulos que podrían leerse como cuentos. Es un poco el efecto de las muñecas rusas o las cajas chinas: hay una historia dentro de otra y dentro de otra... En cierto sentido, desde el título y el epígrafe de Lampedusa, hay un juego con el lector: que se deje llevar por cada historia porque le espera una sorpresa.