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China, inventora del papel

 

 

NADIE ha contribuido probablemente tanto como los chinos al progreso de las artes gráficas, esto es, a la producción de libros en su forma moderna: un texto impreso con tinta negra sobre papel blanco. Sabido es que el papel fue inventado en China unos cien años antes de nuestra era y que se difundió por todo el mundo durante la Edad Media.

Los chinos emplearon por primera vez la técnica de la impresión con caracteres de madera en el siglo Vil u VIII y los tipos móviles unos 400 años antes que Gutenberg. También el uso de la tinta china se remonta a la más antigua civilización de ese pueblo. Gracias a tales técnicas resultó posible producir múltiples ejemplares de un volumen paginado y dar a las obras escritas una amplia difusión. Se ha dicho que la imprenta es la madre de la civilización y el papel el medio que perpetúa las ideas y aspiraciones de los hombres y ensancha su capacidad de comunicación y de diálogo.

Pues bien, el papel y la imprenta son dos de los cuatro grandes inventos chinos Qunto con la brújula y la pólvora) que contribuyeron a la modernización de Occidente. No hay ningún otro logro de los pueblos de la antigüedad que pueda compararse en importancia con la invención del papel y el arte de la imprenta que de ella nació. Una y otro han tenido enormes repercusiones en la vida intelectual del hombre moderno. Piénsese en lo que ocurriría en la vida cotidiana de nuestra sociedad si se dejara de producir papel o no se conocieran las técnicas de impresión. Si bien es cierto que existen otros medios de información y comunicación, no pueden suplir la función del papel y de la imprenta, que es básica y permanente.

El papel es una lámina fibrosa que se forma sobre una fina trama suspendida sobre el agua. Al evacuarse el agua queda una superficie plana que se seca a continuación. A lo largo de los dos mil años transcurridos desde que empezó a fabricarse papel, esa técnica ha evolucionado mucho; las máquinas son hoy bastante más complejas. Pero no han variado en cambio los principios o procedimientos básicos. El invento del papel en China tuvo su origen en la operación de macerar y agitar trapos en el río, varios siglos antes de Cristo.

Es muy probable que la idea de fabricar papel surgiera accidentalmente un día en que alguien dejó secar las fibras así obtenidas sobre una lámina o esterilla. Ha habido estudiosos occidentales que han puesto en tela de juicio el origen chino del papel. Sus dudas se deben en parte al hecho de que la palabra «papel» procede de «papiro» y en parte a su desconocimiento de las características del papel chino. El papiro, que se utilizó antes que el papel en la historia, estaba hecho con tiras laminadas de caña de papiro, al paso que el papel es un producto anufacturado a base de fibras. El papel tiene su origen en la costumbre de escribir sobre tejidos y en el ulterior perfeccionamiento que lo convirtió en un sucedáneo económico de aquel antiguo procedimiento.  El papel y los productos textiles están íntimamente relacionados. No sólo se fabricaban originalmente con los mismos tipos de materia prima sino que además eran parecidos en sus propiedades y en su forma. Y hasta sus modalidades de utilización eran intercambiables. La diferencia principal entre uno y otros estribaba probablemente en las técnicas de fabricación y, por ende, en sus costos de producción respectivos.  Los tejidos se fabricaban mediante un procedimiento de hilado mecánico, y el papel mezclando fibras desintegradas hasta convertirlas en una fina lámina por medio de operaciones químicas. Se ha atribuido el invento del papel a Tsai Lun, funcionario encargado de manufacturas chinas, quien el año 105 de nuestra era presentó a la Corte su método de fabricación de papel con cortezas de árbol, cáñamo, trapos y redes de pesca. Es muy probable que se escogiera de un modo arbitrario esa fecha como la de la invención del papel, puesto que consta que mucho antes de esa época se empleaba ya un papel hecho de fibras vegetales y de seda.

Hace pocos años se descubrieron en e  norte de China unos de ese papel más antiguo, anteriores a la era cristiana. El descubrimiento tuvo lugar en 1957, en una tumba no posterior al segundo siglo antes de Cristo en Pa-chiao, en la provincia de Shensí. De ser esto cierto, habría que situar por lo menos dos siglos antes de Tsai Lun los comienzos de la fabricación del papel en China. Pero es posible que Tsai Lun fuera un innovador que empleó nuevos materiales y nuevas técnicas. Las disponibilidades de trapos y demás materiales de segunda mano eran limitadas, y la utilización de fibra nueva procedente de la corteza de los árboles y de otras plantas proporcionó nuevas fuentes de materias primas, con lo que resultó posible fabricar papel en mayor para atender una  demanda cada vez mayor.

Las principales materias primas para la fabricación de papel en China eran el cáñamo, el yute, el lino, el ramio y el roten, la corteza de moral, el bambú y la caña, los tallos de trigo y de arroz, y las fibras floríferas como el algodón. Las mejores son probablemente el cáñamo y el algodón, ya que dan una mayor cantidad de fibras puras y  alargadas; pero, como resultan primordiales para la industria textil, durante siglos y siglos se ha fabricado en China el papel con bambú y morera.

Aunque el papel se empleó para la escritura muy   verosímilmente desde la fecha misma en que fue inventado, tan sólo en el siglo III después de Cristo sustituyó totalmente a las tablillas de madera y bambú como materia prima de los libros chinos. Hemos descubierto también que a partir de entonces el papel empezó a fabricarse con fina trama, encolado y lastrado a fin de mejorar su calidad para la escritura, y teñido con una sustancia insectífuga con objeto de darle mayor perdurabilidad. Se fabricaba además en varios colores y formatos, según fueran a escribirse en él poemas, notas o cartas. Se lo recortaba asimismo para hacer bordados y decoraciones y se lo empleaba ampliamente en la confección de libros y documentos, en la pintura y la caligrafía, para presentar ofrendas a los espíritus o como tarjetas de visita, para envolver objetos o cubrir ventanas y para fabricar artículos tales como abanicos, sombrillas, farolillos, cometas, juguetes e incluso como papel de uso higiénico y de aseo. Y todo esto se hacía antes de que terminara el siglo VI.

Sabemos también que, a partir del siglo VII o del VIII, se confeccionaban con papel sombreros, trajes, pantalones, sábanas, mosquiteros, cortinas y otros muchos enseres domésticos, así como pantallas, baldosas e incluso armaduras. El empleo del papel como «dinero volador» para sustituir a las pesadas monedas metálicas se inició oficialmente a principios del siglo IX. Marco Polo, uno de los primeros visitantes europeos, pudo observar la amplia difusión del papel moneda y la extraordinaria quema de efigies de papel en ofrenda a los muertos, en el imperio del Gran Kan. La expansión mongola llevó el papel moneda, los naipes y otros muchos objetos de papel y de imprenta a diversas partes del mundo. En 1294 fabricaron por primera vez papel moneda los persas, dándole el nombre chino de chao (dinero).

Se dice que ciertos viejos sistemas bancarios y contables utilizados en Europa sufrieron la influencia china. También se ha afirmado el origen chino de la costumbre de empapelar las paredes, introducida en Europa por misioneros franceses en el siglo XVI y muy imitada a partir del XVII. No se sabe a ciencia cierta cuándo se empleó en China por primera vez este procedimiento; en todo caso, la decoración de las casas chinas con rollos pintados y caligrafiados es muy antigua y corriente. Es posible que esos rollos se colgaran primero y que luego fueran modificados para poder pegarlos a las paredes de los hogares europeos.

Gracias al papel, los libros resultaron mucho más baratos y manejables, pero antes de la invención de la imprenta no era posible multiplicarlos y difundirlos. No conocemos la fecha y el lugar exactos de impresión del primer libro en China ni tampoco su primer impresor.

Hubo sin duda toda una evolución gradual en la que intervinieron muchas personas, especialmente los varones piadosos que solicitaban en gran número copias de los textos sagrados. Es muy larga la historia de las técnicas chinas de  reproducción anteriores a la imprenta, entre ellas el empleo de sellos para imprimir en arcilla y más tarde en papel, los estarcidos y estampados y las inscripciones en piedra que se imprimían con tinta. Todos estos sistemas prepararon el camino para el empleo de los tipos de madera en la imprenta. La fecha más antigua que puede señalarse al comienzo de la impresión en China es aproximadamente el año 700 después de Jesucristo. En 1965 se descubrió en Corea un talismán búdico con inscripciones en chino, impreso en una fecha no posterior al año 751; y se conocía ya anteriormente otro talismán, también en chino, impreso en el Japón hacia el año 770, lo cual indica que en aquella época la imprenta era ya un arte conocido y desarrollado.

Como Corea y el Japón estaban una y otro dominados por la cultura china mucho antes de la fecha en la cual se  imprimieron esos textos, no cabe duda de que esta técnica fue introducida desde China. No se ha encontrado en este país material impreso comparable, pero se han descubierto y se conservan todavía ejemplares de los siglos IX y X, entre ellos la célebre Sutra del Diamante, que es un libro completo en forma de rollo de papel impreso el año 868, calendarios de los años 877 y 882, muchas láminas sueltas con dibujos búdicos de 947 a 983 y dos versiones de una sutra impresas en 957 y 973. Todas esas muestras impresas están más o menos  relacionadas con el budismo; los clásicos del confucianismo no fueren impresos hasta la primera mitad del siglo X.

A partir de entonces, la imprenta fue ampliamente utilizada y perfeccionada por muchos funcionarios, personas privadas, religiosos y entidades comerciales. Las impresiones chinas de los siglos XI al XII, que pueden compararse con los incunables europeos, destacan sobre todo por la excelente calidad del papel, las tintas, 'la caligrafía, las ilustraciones, la confección y otros muchos aspectos. En la confección de los caracteres se utilizaba la madera de los árboles caducifolios: peral, yuyuba, catalpa y, a veces, manzano, debido a la suavidad y uniformidad de textura de todos ellos. El manuscrito, escrito en una fina hoja de papel, se trasladaba a la superficie de madera por medio de una pasta de arroz.

Una vez seco, se raspaba el reverso del papel, quedando una delgada lámina y los caracteres invertidos en la madera. Se recortaban entonces los tipos utilizando para ello gubias y formones. Después se daba la tinta con un pincel y se colocaba una hoja de papel sobre la superficie impregnada de tinta frotando el reverso con un cepillo blando. Al parecer, un impresor hábil podía imprimir así de 1.500 a 2.000 hojas dobles al día.

El arte chino de la impresión progresó aun más gracias a la introducción de los tipos móviles en el siglo IX y de la impresión policroma en el XIV.

Según los anales de la época, un artesano llamado Pi Sheng utilizaba hacia 1041-1048 tipos móviles de barro. Recortaba los caracteres en arcilla blanda y los cocía en un horno. Colocaba luego los tipos en una placa impregnada con una mezcla de resina y de cera y oprimía la superficie con una tabla lisa con objeto de igualar los caracteres. Se empleaban varias placas sucesivamente y la impresión se efectuaba con toda rapidez.

Más tarde empezaron a emplearse otros materiales para fabricar los tipos móviles: la madera a principios del siglo XIII, el bronce a fines del XV.

En las centurias siguientes se utilizaron intermitentemente tipos de madera, bronce, estaño, plomo y cerámica. En 1340 se hacían ya impresiones policromas. Esta técnica progresó a fines del XVII, publicándose entonces muchos manuales de pintura y de papelería en varios colores. Se empleaban para ello una serie de tipos distintos, uno para cada color, aplicándolos sucesivamente al papel. Con este método se confeccionaban en especial las ilustraciones de los libros, los mapas, el papel de cartas y los textos que llevaban puntuación y comentarios. A lo largo de los siglos la impresión con tipos de madera predominó en la producción china de libros; los tipos móviles sólo se utilizaron  ocasionalmente.

Como la lengua china tiene un número muy grande de caracteres distintos, el primer procedimiento resultaba más sencillo y más barato. Una vez impresos los ejemplares necesarios, se podían almacenar fácilmente los tipos para volver a emplearlos cuando fuera indispensable imprimir nuevos ejemplares. Se optaba por los tipos móviles únicamente cuando se trataba de producir libros voluminosos. A mediados del siglo XIX ambos sistemas los tipos fijos y los móviles empezaron a ser sustituidos gradualmente por las modernas técnicas de impresión: litografía, tipografía, etc.

El papel se popularizó muy pronto en China y empezó a difundirse por todo el mundo: hacia el Este, en Corea en el siglo II y en el Japón en el III; hacia el sur, en Indochina en el siglo III y en la India antes del VII; y hacia el oeste, en el Asia Central en el siglo III, Asia occidental en el VIII, África en el X, Europa en el XV y América en el XVI.

Se ha dicho a menudo que los chinos guardaron el secreto de sus técnicas de fabricación de papel hasta que unos artesanos papeleros cayeron en manos de los árabes en el siglo VIII, fecha en que ese secreto fue revelado al mundo  exterior. Pero esto no es cierto. La lentitud de la progresión hacia Occidente se debió fundamentalmente al aislamiento geográfico y cultural, más que a un deseo de ocultar esa técnica, ya que el arte del  papel fue introducido en los países vecinos de China en cuanto éstos entraron en contacto con la cultura china.

Al iniciarse la difusión de esta última hacia el Oriente, los coreanos fueron los primeros en adquirir libros chinos impresos en papel y en adoptar los caracteres chinos como sistema nacional de escritura, en el siglo II. A través de Corea los libros chinos pasaron al Japón a principios del siglo III. Sin embargo, la fabricación de papel no se inició en el Japón hasta que, en el año 610, un monje coreano, que había aprendido las técnicas de fabricación de la tinta y del papel, fue al Japón y ofreció sus conocimientos a la corte nipona.

A partir de entonces cientos de monjes y de estudiantes fueron enviados desde el Japón y Corea a estudiar y comprar libros en China. Allí aprendieron sin duda las técnicas chinas de impresión y las introdujeron a su regreso en esos países No se sabe a ciencia cierta cuándo empezó a difundirse el arte del papel hacia el sur, pero ello debió de ser muy pronto. Según documentos chinos, a fines del siglo III se enviaba como tributo a la corte china papel confeccionado con materias primas propias de Indochina. Se supone que los indo-chinos aprendieron de los chinos ese arte. Todavía hoy los métodos que emplean los papeleros indochinos se parecen más a los chinos que los de cualquier otro país de Asia. En lo tocante a la imprenta, los indo-chinos venían adquiriendo desde el siglo X muchos tipos de libros chinos libros canónicos confucianos, búdicos y taoístas, obras de medicina y literarias.

Durante siglos se imprimieron en esa región de Asia libros en chino y textos bilingües en chino y en vietnamita utilizando para ello los tipos móviles de madera y las técnicas de policromía exactamente como en China. En la India la introducción del papel no fue probablemente posterior al siglo VII. Un monje chino llamado I-ching, que vivió en ese país de 671 a 694, utiliza la palabra sánscrita kakali para designar el papel en su diccionario chino-sánscrito. Como los textos sagrados indios se aprendían de memoria y eran transmitidos oralmente durante generaciones y generaciones, el papel no tuvo sin duda una gran difusión en el país hasta la era musulmana, esto es, hasta después del siglo XII.

Y la imprenta llegó a la India mucho más tarde todavía. En dirección oeste, la fabricación del papel llegó a Samarcanda el año 751, al ser hechos prisioneros dos papeleros chinos, los cuales introdujeron las técnicas de su país en el mundo árabe. Cuarenta años más tarde entraba en funcionamiento una segunda fábrica de papel en Bagdad gracias a unos artesanos chinos llegados a la ciudad. A partir de entonces el papel hizo su aparición sucesivamente en Damasco y Trípoli, en el Yemen, Egipto y Marruecos. Los árabes monopolizaron la fabricación de papel en Occidente durante unos cinco siglos, antes de que penetrara en Europa en el siglo XII. Tras la conquista de la Península Ibérica por los moros, éstos introdujeron el arte del papel en España, montando la primera fábrica en Játiva, hacia el año 1150. En esa misma ciudad funcionaba un molino para macerar trapos. 

El papel llegó también probablemente a Europa cruzando el Mediterráneo, desde Egipto o Palestina a Italia, a través de Sicilia. Se sabe que había molinos de papel en las ciudades italianas de Babriano, Bolonia y Génova a fines del siglo XIII y en varias ciudades de Francia y de Alemania en el XIV. El célebre artesano Ulman Stromer, que montó un molino de papel en Nuremberg hacia el año 1390, utilizaba herramientas y procedimientos entre ellos el del estampado hidráulico similares a los empleados en China.

En el siglo XV empezó a fabricarse papel en los Países Bajos, Suiza e Inglaterra y en el XVI en el Nuevo Mundo: en México antes de 1580 y en las colonias inglesas de América del Norte a fines del siglo XVII. En su larga historia de más de 1.500 años, el papel se difundió desde China a casi todas las partes del mundo. Cabe discutir sobre la posible influencia china en las artes de la imprenta en Europa, pero es innegable que en este continente se conocían las técnicas de China y muchos artículos impresos procedentes de este país antes de que se llevara a cabo el primer trabajo de impresión. El origen chino del papel y su adopción posterior por otros muchos países no ofrecen la menor duda. La fabricación de papel, que era ya un arte plenamente desarrollado antes de que saliera de las fronteras de China, constituye probablemente el más completo de los inventos que ese país ha dado al mundo.