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JORGE LUIS BORGES

 

 

“El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo desgraciadamente es real; yo desgraciadamente, soy Borges”

 

Filósofo de la poesía y poeta de la filosofía, revolucionó el lenguaje en este siglo. Concertar una entrevista con Borges -a la que se prestaba amablemente- era tarea sencilla. Su característica: ser como pensaba, lo cual convertía en mágica su presencia, incluso para sí mismo: “Yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica (...) No sé cuál de los dos escribe estas páginas”.  Lo recuerdo tomando el té en la cafetería de la calle Suipacha o en la de Callao y Juncal, incorporado al paisaje que rediseñaba en sus paseos; una vez en el aeropuerto de Madrid, apoyado en el brazo de María Kodama y siempre dispuesto al diálogo: “más bien me divierte hablar” -solía decir; otras como profesor de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires- le horrorizaba aplazar a alguien: en veinte años sólo reprobó a dos alumnos. Tenía la sensación de que cada uno “debe salvarse a sí mismo”. Además, solía contar: “...he tratado de prescindir en lo posible de la historia de la literatura. Cuando mis estudiantes me pedían bibliografía yo les decía: “no importa la bibliografía; al fin de todo, Shakespeare no supo nada de bibliografía shakespiriana”. Johnson no pudo prever los libros que se escribirían sobre él. “¿Por qué no estudian directamente los textos? Si estos textos les agradan, bien; y si no les agradan, déjenlos, ya que la idea de la lectura obligatoria es una idea absurda: tanto valdría hablar de felicidad obligatoria. Creo que la poesía es algo que se siente, y si ustedes no sienten la poesía, si no tienen sentimiento de belleza, si un relato no los lleva al deseo de saber qué ocurrió después, el autor no ha escrito para ustedes.”

 

Parodia, investigaciones, bifurcaciones, alusiones, la escritura borgiana puede ser una trampa para lectores desprevenidos: narra el posible desciframiento de un mensaje que nunca acaba de ser descifrado.  Sus textos literarios encierran enigmas ontológicos, mientras que un comentario erudito resulta ser, para Borges, la materia del cuento. Desarrolla el pensamiento como conjetura, la poesía como forma de razonamiento y la lectura como acto de felicidad.

“Yo he dedicado una parte de mi vida a las letras, y creo que una forma de felicidad es la lectura; otra forma de felicidad menor es la creación poética, o lo que llamamos creación, que es una mezcla de olvido y recuerdo de lo que hemos leído.

Yo he tratado más de releer que de leer, creo que releer es más importante que leer, salvo que para releer se necesita haber leído. Tengo ese culto del libro. Puedo decirlo de un modo que puede parecer patético y no quiero que sea patético; quiero que sea como una confidencia ...”

A muchos les interesará saber que comenzó publicando, como tantos jóvenes, un libro de poemas y que durante doce años sólo se dedicó a la poesía y el ensayo hasta que abordó la narración de lúcidos, lúdicos y desafiantes relatos que concibe como “artificios”, “ficciones”, “símbolos”, “ejercicios mágicos”. A muchos más, conocer su particular universo, a veces enunciado en sus textos:

 

· El Universo y el libro: El universo es un libro que los hombres se dedican a descifrar, es decir, a leer.

El lector recrea el texto.

 

· El lenguaje es un juego de símbolos arbitrarios. Nos limita y nos domina; un modo de escapar a su tiranía es transgredirlo.

Las palabras devoran los fragmentos de realidad y los convierten en su propia sustancia.

 

· La ficción es protagonista en el campo del lenguaje, pues el lenguaje suscita espejismos y ensueños.

Puesto que la filosofía es lenguaje, es una manifestación de la literatura de ficción. La metafísica es una rama de la literatura fantástica.

 

¿Escribir es un acto de felicidad?

 

El libro es una extensión de la memoria y de la imaginación. La literatura es un juego de convenciones tácitas; infringirlas parcial o absolutamente es una de las muchas felicidades (de los muchos deberes) de ese juego de límites ignorados. Ejemplo: cada libro es un orbe ideal, pero suele agradarnos que su autor, en el ámbito de unas líneas, lo confunda con la realidad, con el universo.

 

 

                      “El libro es una

                       extensión de la

                        memoria y de la

                         imaginación.”

 

¿Cómo se le ocurre la escritura de un cuento?

 

Voy a contarles cómo se me ocurrió El Zahir. Mi punto de partida fue una palabra que usamos todos los días sin darnos cuenta de lo misterioso que hay en ella (salvo que todas las palabras son misteriosas): pensé en la palabra inolvidable, unforgeable en inglés. En seguida pensé que si hay algo inolvidable, ese algo debe ser común, ya que si tuviéramos una quimera, por ejemplo, un monstruo con tres cabezas, (una cabeza creo que de cabra, otra de serpiente, otra de perro, no estoy seguro), lo recordaríamos ciertamente. De modo que no habría ninguna gracia en un cuento con un minotauro, con una quimera, con un unicornio inolvidables; no, tenía que ser algo común; pensé, creo que inmediatamente, en una moneda, ya que se acuñan miles y miles de monedas todas exactamente iguales. Todas con la efigie de la libertad, o con un escudo, o con ciertas palabras convencionales. Qué raro sería si hubiera una moneda, una moneda perdida entre esos millones de monedas, que fuera inolvidable.

Y El Zahir; Tlön, Uqbar, Orbis, Tertius y El libro de Arena, tres cuentos de apariencia tan distinta, son esencialmente el mismo: un objeto mágico intercalado en el mundo real.

 

 

En sus relatos se conjuga sueño y vigilia: no hay certeza de si lo ocurrido es real o es un producto de la alucinación. Desaparece la diferencia entre lo real y lo irreal. Para usted, el sueño y las pesadillas son ficciones, creaciones literarias, invenciones que preparamos desde el momento que comienza el sueño, ¿es así?

 

Sí, los sueños son la actividad estética más antigua: muy curiosa porque es de orden dramático.

Para el salvaje o para el niño los sueños son un episodio de la vigilia, para los poetas y los místicos no es imposible que toda la vigilia sea un sueño.

Siempre sueño con laberintos o con espejos. En el sueño del espejo aparece otra visión, otro terror de mis noches, que es la idea de las máscaras.

 

                  “...para los poetas y los

                     místicos no es imposible

                       que toda la vigilia

                             sea un sueño.”

 

Son pesadillas...

 

Un rasgo curioso en mis pesadillas, no sé si ustedes lo comparten conmigo, es que tienen una topografía exacta. Yo, por ejemplo, siempre sueño con esquinas determinadas de Buenos Aires. Tengo la esquina de Laprida y Arenales o la de Balcarce y Chile. Sé exactamente dónde estoy y sé que debo dirigirme a un lugar lejano. Estos lugares en el sueño tienen una topografía precisa pero son completamente distintos. Pueden ser desfiladeros, pueden ser ciénagas, pueden ser junglas, eso no importa: yo sé que estoy exactamente en tal esquina de Buenos Aires. Trato de encontrar mi camino.

Como quiera que sea, en las pesadillas lo importante no son las imágenes. Lo importante, como Coleridge -decididamente estoy citando a los poetas- descubrió, es la impresión que producen los sueños. Las imágenes son lo de menos, son efectos.

Mis sueños son muy vívidos: la más terrible de mis pesadillas la usé para un soneto.

 

“Los elementos de la

pesadilla son literarios.”

 

Cuéntenos cómo fue.

 

Fue así: yo estaba en mi habitación; amanecía (posiblemente ésa era la hora en el sueño), y al pie de la cama estaba un rey, un rey muy antiguo, y yo sabía en el sueño que ese rey era un rey del Norte, de Noruega. No me miraba: fijaba su mirada ciega en el cielorraso. Yo sabía que era un rey muy antiguo porque su cara era imposible ahora. Entonces sentí el terror de esa presencia. Veía al rey, veía su espada, veía su perro. Al cabo, desperté, pero seguí viendo al rey durante un rato, porque me había impresionado.

Los elementos de la pesadilla son literarios.

 

 

¿Piensa que es una convención válida la frontera entre los géneros?

 

Los géneros literarios dependen, quizás, menos de los textos que del modo en que éstos son leídos. El hecho estético requiere la conjunción del lector y del texto y sólo entonces existe.

Hay un tipo de lector actual, el lector de ficciones policiales. Ese lector ha sido -ese lector se encuentra en todos los países del mundo y se cuenta por millones -engendrado por Edgar Allan Poe. Vamos a suponer que no existe ese lector, o supongamos algo quizá más interesante; que se trata de una persona muy lejana de nosotros. Puede ser un persa, un malayo, un rústico, un niño, una persona a quien le dicen que el Quijote es una novela policial; vamos a suponer que ese hipotético personaje haya leído novelas policiales y empiece a leer el Quijote. Entonces, ¿qué lee?

“En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo vivía un hidalgo....” y ya ese lector está lleno de sospechas, porque el lector de novelas policiales es un lector que lee con incredulidad, con suspicacias, una suspicacia especial.

 

“Los géneros literarios

dependen, quizás, menos

de los textos que del modo en que éstos son leídos.”

 

 

¿Pero ... la poesía?

 

La poesía es el encuentro del lector con el libro, el descubrimiento del libro. Hay otra experiencia estética que es el momento, muy extraño también, en el cual el poeta concibe la obra, en el cual va descubriendo o inventando la obra. Según se sabe, en latín las palabras “inventar” y “descubrir” son sinónimos. Todo esto está de acuerdo con la doctrina platónica, cuando dice que inventar, que descubrir, es recordar. Francis Bacon agrega que si aprender es recordar, ignorar es saber olvidar; ya todo está, sólo nos falta verlo.

Cuando yo escribo algo, tengo la sensación de que ese algo preexiste. Parto de un concepto general; sé más o menos el principio y el fin, y luego voy descubriendo las partes intermedias; pero no tengo la sensación de inventarlas, no tengo la sensación de que dependan de mi arbitrio; las cosas son así. Son así, pero están escondidas y mi deber de poeta es encontrarlas.

Bradley dijo que uno de los defectos de la poesía debe ser darnos la impresión, no de descubrir algo nuevo, sino de recordar algo olvidado.

En cuanto al verso es, entre tantas otras cosas, una entonación, una acentuación muchas veces intraducible.

 

¿Y la novela?

 

Yo no puedo hablar de la novela porque la conozco poco. Siempre he tenido la impresión de que hay en ella algo de ripio. Es decir, que para escribir un libro tan largo hay que introducir elementos ajenos a la misma. En cambio un cuento puede ser más o menos esencial, sobre todo si es breve, pues casi todo sirve para su construcción. En la novela psicológica suelen intercambiarse discusiones, disgresiones, descripciones de personajes, y mucho de eso me parece que es ajeno a la obra. Hay páginas de Marcel Proust que son inaceptables como invenciones, a las que nos resignamos como a lo insípido y ocioso de cada día. Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros: el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos. Mejor procedimiento es simular que esos libros ya existen y ofrecer un resumen, un comentario.

La novela de aventura, en cambio, no se propone como una transcripción de la realidad: es un objeto artificial que no sufre ninguna parte injustificada.

 

“Yo creo que en general, cualquier

forma literaria, cualquier cuento

 tiene su parte imaginativa, pero

 siempre es una proyección de estados de alma.

 Es mejor que no se note y que

 sea aceptado como una invención.”

 

 

¿Por qué en una época le atraía la novela policial?

 

Lo que me atraía de la novela policial era que de alguna manera estaba defendiendo lo clásico, el orden. Mientras que la literatura de cierta época y quizás también la de ahora tienden al caos. Piense que Ionesco era considerado un gran dramaturgo. En una novela policial el autor no puede permitirse juegos con el tiempo, incoherencias o contar dos historias simultáneamente. Como Faulkner en Las palmeras salvajes. ¿Qué es lo que él consigue con este inocente juego? Si buscaba alguna forma de paralelismo lo hubiera hecho de una forma más sutil que jugando con un medio tipográfico. Volviendo a la novela policial, ésta estaba, a su modo, salvando ciertas reglas clásicas. Ahora cualquier persona escribe una novela diciendo: “Fulano de Tal se levantó, se sentía un poco triste. No sabía por qué. De pronto recordó: era por lo que había ocurrido entre él y Fulana en la víspera”. Después, por ejemplo lo hace encontrarse con amigos. Describen dos o tres meses. Al cabo de un tiempo hay uno de ellos que hace una caminata por la ciudad. Otros han tenido conversaciones sobre temas políticos con los amigos y ¡hasta puede haberse suicidado alguno! y de ahí sale una novela. Una novela que no sirve para nada, un mamarracho. En cambio, en una novela policial todo está ordenado. De cualquier modo, luego empecé a sentir lo que dice Stevenson, que la novela policial deja la impresión de un mecanismo, que puede ser ingenioso pero que, al fin de todo tiene algo muerto. Y lo único posible es salvarla mediante los caracteres, pero entonces de la novela policial se pasa a lo psicológico y se pierde el género. Actualmente, creo que ya no toleraría una novela policial.

 

¿Le interesa la ciencia-ficción?

 

Sí, pero lo mejor creo que es lo más viejo. Wells. Los primeros hombres en la luna, La máquina del tiempo, El hombre invisible, La isla del doctor Moreau. De lo actual he leído también a Bradbury y prologué la traducción de su novela Crónicas marcianas. En Bradbury lo más importante como invención mágica es su tristeza; el tedio, la melancolía, la inutilidad.

Bueno, pero en general yo creo que sucede con todo. Pienso en Wells. Wells era un pobre muchacho desconocido, tuberculoso, de familia muy humilde. Y tuvo la sensación de que no estaba rodeado de seres humanos sino de fieras. Eso lo llevó a la invención de la novela. Es decir, que la invención fantástica deriva de su experiencia personal. Yo creo que en general, cualquier forma literaria, cualquier cuento tiene su parte imaginativa, pero siempre es una proyección de estados de alma. Es mejor que no se note y que sea aceptado como una invención. Es decir, que uno en un poema romántico en lugar de decir que se siente solo y que la humanidad es feroz, puede en cambio inventar esa idea de un individuo que llega a una isla y nota algo raro en los hombres y descubre finalmente que esos hombres han sido animales transformados en hombres, eso ya tiene otro valor.

 

“Pensad en la Biblia:

no es ya un libro, es

 una biblioteca entera”

 

Háblenos de sus libros...

 

Hay dos libros que me han granjeado alguna fama: Ficciones y El Aleph. Es decir, los libros de cuentos fantásticos, pero yo ahora no escribiría cuentos de ese tipo. (...)

A mí me gusta más El informe de Brodie y quizá el libro que estoy escribiendo ahora y cuyo título no me ha sido aún revelado, pero nadie comparte mis opiniones. (...) El Aleph es un cuento que me gusta. (...) Y luego hubo otro cuento , que se llama Las ruinas circulares, con el que me ocurrió algo que no me ha sucedido nunca. Ocurrió por única vez en la vida, y es que durante la semana que tardé en escribirlo (lo cual en mi caso no significa morosidad, sino rapidez) yo estaba como arrebatado por esa idea del soñador soñado. Es decir, yo cumplía mal con mis modestas funciones en una biblioteca del barrio de Almagro; yo veía a mis amigos, cené un viernes con Haydée Lange, iba al cinematógrafo, llevaba mi vida corriente y al mismo tiempo sentía que todo era falso, que lo realmente verdadero era el cuento que estaba imaginando y escribiendo, de modo que si puedo hablar de la palabra inspiración, lo hago refiriéndome a aquella semana, porque nunca me ha sucedido algo igual con nada.

 

                   (Respuestas recogidas por Silvia Adela Kohan más fragmentos de un reportaje realizado por María Esther Gilio en Revista Crisis, nº 13, 1974; de Siete Noches, Tierra Firme, Fondo de Cultura Económica; de Borges, sus días y su tiempo, de María E. Vázquez, Vergara Ed.)

 

 

“Después reflexioné que todas las cosas le suceden a uno precisamente, precisamente ahora. Siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos: innumerables hombres en el aire, en la tierra y el mar, y todo lo que realmente pasa me pasa a mí...”

                                            de El jardín de los senderos que se bifurcan

 

 

Adam Cast Forth

 

¿Hubo un Jardín o fue el Jardín un sueño?

Lento en la vaga luz, me he preguntado,

casi como un consuelo, si el pasado

de que este Adán, hoy mísero, era dueño,

no fue sino una mágica impostura

de aquel Dios que soñé. Y es impreciso

en la memoria el claro Paraíso,

pero yo sé que existe y que perdura,

aunque no para mí. La terca tierra

es mi castigo y la incestuosa guerra

de Caínes y Abeles y su cría.

Y, sin embargo, es mucho haber amado,

haber sido feliz, haber tocado

el viviente Jardín, siquiera un día.

 

 

"Cierro los ojos y veo una bandada de pájaros.  La visión dura un segundo o acaso menos; no sé cuántos pájaros vi. ¿Era definido o indefinido su número?  El problema involucra el de la existencia de Dios.  Si Dios existe, el número es definido, porque Dios sabe cuántos pájaros vi.  Si Dios no existe, el número es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta.  En tal caso, vi menos de diez pájaros (digamos) y más de uno, pero no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres o dos pájaros. Vi un número entre diez y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, etcétera.  Ese número entero es inconcebible: ergo.  Dios existe."

                                                               de El hacedor

 

Una curiosa clasificación que atribuye a una supuesta enciclopedia china:

“En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (1) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas. “

                                                    de Reflexiones sobre el idioma analítico de John Wilkins

 

“Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la Etnografía del siglo XVIII, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor.”

                                                          de Borges y yo

 

“A Xul Solar le gustaba experimentar y como era un inventor nato, trataba de encontrar combinaciones posibles entre los alimentos: café con salsa de tomate (repugnante) o sardinas con chocolate (atroz). Probábamos juntos esas mezclas y él mismo comprendía que eran incompatibles los elementos mezclados. Yo creo que las buenas combinaciones ya fueron inventadas y que nada podrá superar al café con leche (su inventor debe haber sido un ser excepcional).”

 

Dicen los otros...

 

Conversábamos libremente sobre la idea que teníamos acerca de un tema hasta que se iba formando, casi sin proponérnoslo, un proyecto común. Luego me sentaba a escribir, antes a máquina, últimamamente a mano porque escribir a máquina ahora me da dolor de cintura. Si a uno se le ocurría la primera frase la proponía y así con la segunda y la tercera, los dos hablando. Continuamente Borges me decía: “¡No, no vayas por ahí!”, o yo le decía: “¡Ya basta, son demasiadas bromas!”

                                                                                         Adolfo Bioy Casares

 

Jorge Luis Borges es probablemente uno de los diez o, mejor aún, de los cinco autores modernos que es esencial haber leído. Después de habernos acercado a él ya no somos los mismos. Nuestra visión de los seres y de las cosas ha cambiado. Somos más inteligentes. Hasta probablemente tenemos más corazón.

                                                                                           Claude Mauriac

 

Implacablemente, Borges lo reduce todo a una condición de misterio.

                                                                                              John Updike

 

Consigue condensar en textos siempre de poquísimas páginas una riqueza extraordinaria de sugestiones poéticas y de pensamiento: hechos narrados o sugeridos, aperturas vertiginosas sobre el infinito, e ideas, ideas, ideas. Cómo se realiza esta densidad, sin la más mínima congestión en los párrafos más cristalinos, sobrios y airosos; cómo esa manera de contar sintéticamente y en escorzo lleva a un lenguaje de pura precisión y concreción, cuya inventiva se manifiesta en la variedad de ritmos, en los movimientos sintácticos, en los adjetivos siempre inesperados y sorprendentes...

                                                                                     Ítalo Calvino

 

El punto central de la poética de Borges es su capacidad de borrar los contextos. La literatura es el arte de la elipsis. Lo primero que aparece elidido, porque está sobreentendido, es lo real mismo. Borges resume esa posición con su chiste de que los camellos están tan presentes en la vida de los árabes que el Corán nunca los nombra. Lo no dicho, lo que está aludido es fundamental. Hay un estilo ahí y un modo de narrar: una gran poética de la ficción que viene de Henry James y de Kafka (pero también de Macedonio Fernández).

                                                                                       Ricardo Piglia

 

Aparentemente, Borges sospecha que en todo enunciado opera una dialéctica entre la imposibilidad de transcribir la realidad en forma literal y la aptitud de indicarla o circundarla con el auxilio de metáforas.

                                                                                      Jaime Rest

     

Borges ha visto Buenos Aires, con sus calles que dan a la pampa, sus patios de sol, sus casas y sus almacenes. Ha fabricado un pequeño universo con todas estas cosas, asociándolas a su vida sentimental y haciéndolas carne de su poema.

          Leopoldo Marechal, en revista Martín Fierro (Buenos Aires 1924-1927)

 

Creo deberle a Borges el haber entendido algo muy fundamental, acaso también la mayor enseñanza del inagotable Pound: la importancia de buscar los ritmos de la poesía en los del lenguaje hablado; la revelación de que lo esencial de la poesía es desplazar las palabras desde su estado de símbolos hacia el de las palabras como realidad, para lograr así un verso que también sea prosa.

                              Alberto Girri, Juicios sobre Jorge Luis Borges

 

 

Bibliografía

 

POESIA

 

Fervor de Buenos Aires ( 1923) /Luna de enfrente (1925) /Cuadrno San Martín (1929) / Poemas (1923-1943)

El hacedor ( 1960) / Para las seis cuerdas (1967) / El otro, el mismo (1969) / Elogio de la sombra (1969)

El oro de los tigres (1972) / La rosa profunda (1975) / Obra poética (1923-1976) / La moneda de hierro (1976)Historia de la noche (1976) / La cifra (1981) / Los conjurados (1985)


CUENTO


El jardín de senderos que se bifurcan (1941) / Ficciones (1944) / El Aleph (1949) / La muerte y la brújula  (1951) El informe de Brodie (1970) / Seis problemas para Isidro Parodi (escrito con Bioy Casares, 1972)/ El libro de arena (1975)

 

ENSAYOS

 

Inquisiciones (1925) / El tamaño de mi esperanza (1926) / El idioma de los argentinos (1928)

Evaristo Carriego (1930) / Discusión (1932) / Historia de la eternidad (1936) / Aspectos de la poesía gauchesca (1950) / Otras inquisiciones (1952) / El congreso (1971)  / Libro de sueños (1976) / Siete noches

 

No clasificados

 

Historia universal de la infamia (1935) / El libro de los seres imaginarios (1968) / Atlas (1985)