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Ana María Matutes,

los cuentos de hadas, Alicia en el País de las Maravillas, Pulgarcito...

 

 

De niña lo que más le gustaba era leer y estaba convencida de que ella era maga. Cuando escribe para niños  –“un mundo más complejo que el de los adultos”–  siente que los niños de todas las latitudes la  entienden.

 

 

Yo entré en la literatura con los cuentos de hadas, que no son los que muchas personas en este país piensan que son cuentos para niños y viejos, como si los viejos y los niños fuésemos tontos. Pero además, los cuentos de hadas son la voz del pueblo, la voz del pueblo que no tenía voz, que no podía expresarse de otra manera. De padres a hijos iban contando viejas historias que tenían dentro de sí un gran significado, por ejemplo todo el hambre del campesino de la Edad Media está en cuentos como Pulgarcito, Hansel y Gretel; porque aquellos padres los dejaban en el bosque para que se los comieran las fieras, antes de verlos morir de hambre en casa. Revelan enormemente el clima social, el momento en que se desarrollaron, se hicieron, se fueron transmitiendo de padres a hijos. Nos dan una idea muy clara, muy poética, pero muy rotunda de lo que era la sociedad de aquel tiempo y que en algunas cosas, desgraciadamente, no ha cambiado. Por ejemplo, el ogro: era el señor feudal; el que se les comía la hacienda, les comía los hijos y especialmente las hijas, si podía. Por ejemplo, La Bella Durmiente.

  Alicia  en el País de las Maravillas fue un libro y sigue siendo un libro completamente distinto. Un libro que lo leen tanto los niños como las personas mayores. Es de una gran profundidad y gracia, y de un excelente humor, además con una imaginación poética, mágica, y al mismo tiempo muy concreta. Esos viajes de Alicia por el metro y todos los personajes, bueno, no os voy a contar Alicia, porque todo el mundo supongo que lo conoce, pero es un libro revelador. Es un libro que como todos los verdaderos cuentos para niños, los buenos cuentos para niños, también gustan a los mayores si es que no les gustan más todavía, porque cada vez se ven más cosas. Eso es lo que ocurre con Andersen, es muy diferente, son unos cuentos que cuando los lees de niño los interpretas de una manera, y cuando lo haces de adulto vas leyendo cosas nuevas; con Alicia pasa lo mismo.