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Abrir nuevas brechas para un cuento

Bioy Casares

 

¿Cuántos modos desusados, curiosos, peculiares, nuevos, de escribir un cuento habrá en la actualidad, cuando muchos se lamentan deque todo ha sido ya probado?

 

Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo se pasaban horas inventando posibilidades distintas, y construían el cuento también con el juego resultante. Así, planearon uno en 1939, cuyo protagonista era un joven literato de provincia que rastreaba y obtenía las obras de un académico al que admiraba,  y encontraba una lista de prohibiciones, que Bioy transcribió con el título de En literatura hay que evitar (publicado por Tusquets en sus Memorias):

 

–Las curiosidades y paradojas psicológicas: homicidas por benevolencia, suicidas por con­tento. ¿Quién ignora que psicológicamente todo es posible?

–Las interpretaciones muy sorprendentes de obras y de personajes.  La misoginia de Don Juan, etcétera.

–Peculiaridades, complejidades, talentos ocul­tos de personajes secundarios y aun fugaces.  La filosofía de Maritornes.  No olvidar que un per­sonaje literario consiste en las palabras que lo des­criben (Stevenson).

–Parejas de personajes burdamente disímiles: Quijote y Sancho, Sherlock Holmes y Watson.

–Novelas con héroes en pareja.  La dificultad del autor consiste en: si aventura una observación sobre un personaje, inventará una simétrica para el otro, abusando de contrastes y lánguidas coin­cidencias: Bouvard et Pécuchet.

–Diferenciación de los personajes por manías.  Cf.: Dickens.

–Méritos por novedades y sorpresas: trick­stories.  La busca de lo que todavía no se dijo pare­ce tarea indigna del poeta de una sociedad culta; lectores civilizados no se alegrarán en la descortesía de la sorpresa.

–En el desarrollo de la trama, vanidosos juegos con el tiempo y con el espacio.  Faulkner, Priestley, Borges, Bioy, etcétera.

–El descubrimiento de que en determina­da obra el verdadero protagonista es la pampa, la selva virgen, el mar, la lluvia, la plusvalía.  Redac­ción y lectura de obras de las que alguien pueda decir esto.

–Poemas, situaciones, personajes con los que se identifica el lector.

–Frases de aplicabilidad general o con riesgo de convertirse en proverbios o de alcanzar la fama (son incompatibles con un discours cohérent).

–Personajes que puedan quedar como mitos. 

–Personajes, escenas, frases deliberadamente de un lugar o época.  El color local.

–Encanto por palabras, por objetos.  Sex y death-appeal, ángeles, estatuas, bric-à-brac.

–La enumeración caótica.

–La riqueza de vocabulario.  Cualquier palabra a la que se recurre como sinónimo.  Inversamente. Le mot juste.  Todo afán de precisión.

–La vividez en las descripciones.  Mundos ri­camente físicos.  Cf.: Faulkner.

–Ambientes, clima.  Calor tropical, borrache­ras, la radio, frases que se repiten como estribillo.

–Principios y finales meteorológicos.  Coin­cidencias meteorológicas y anímicas.  Le vent se lèvel!... Il faut tenter de vivre!

–Metáforas en general.  En particular, visuales; más particularmente agrícolas, navales, bancarias.  Cf.: Proust.

–Todo antropomorfismo.

–Novelas en que la trama guarda algún para­lelo con la de otro libro.  Ulysses de Joyce.

–Libros que fingen ser menús, álbumes, iti­nerarios, conciertos.

–Lo que puede sugerir ilustraciones.  Lo que puede sugerir filmes.

–La censura o el elogio en las criticas (según el precepto de Ménard).  Basta con registrar los efectos literarios.  Nada más candoroso que esos dealers in the obvious que proclaman la inepcia de Homero, de Cervantes, de Milton, de Molière.

En las criticas toda referencia histórica o biográfica.  La personalidad de los autores.  El psico­análisis.

–Escenas hogareñas o eróticas en novelas policiales.  Escenas dramáticas en diálogos filosóficos.

–La expectativa.  Lo patético y lo erótico en novelas de amor; los enigmas y la muerte en no­velas policiales; los fantasmas en novelas fantás­ticas.

–La vanidad, la modestia, la pederastia, la falta de pederastia, el suicidio.